CUMBRE HISTÓRICA

Véanse algunos párrafos sueltos del libro escrito por D. José González Fernández, CUMBRE HISTÓRICA. Paisajes y Costumbres de la Montaña Leonesa.

Notas previas,

1.- Sr. D. José González Fernández escribe este libro bajo el seudónimo de J. Mancebo Valbuena.

2.- D. J. González usa nombres ficticios que corresponden a los reales, por ejemplo:
Riángulo – Rianno, es Riaño,  Baradón es Burón,  Oselia es Oseja

3.- Para los más familiarizados con la zona las descripciones son realistas denotando gran capacidad de observación; la historicidad de sus relatos – novela – suponen mucha documentación histórica.

4.- Se presentan a continuación algunos párrafos del libro de contenido variado.

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CUMRE HISTORICA

Cubierta interior del libro CUMBRE HISTÓRICA de D. José González Fernández

Cubierta interior del libro CUMBRE HISTÓRICA de D. José González Fernández

J. Mancebo Valbuena. CUMBRE HISTÓRICA. Paisajes y Costumbres de la Montaña Leonesa. Imp. Católica, León 1938

Dos palabras al lector

No sé, lector, si estarás esperando este libro que te prometí, en la portada interior de ¨Lazo de Almas¨.

Lo que si te aseguro es que sale sin retoques de afinado artista. Cumbre Histórica es hermana de Lazo de Almas. Ambas tienes el mismo escenario: la montaña leonesa, plena de belleza, solera de costumbres sanas.

Y si los personajes son, en el fondo, algo distintos, riman la misma vida tranquila, y son testigos de conmociones que estuvieron a punto de trastornar la constitución interna de España.

Mariluz es la muchacha bien nacida, formada por su padre que es un patriarca enamorado de la vieja tradición. Teresa es una moza criada en una Venta, un poco ligera y casquevana, que corrió el peligro de quemar sus alas, como las mariposas, en la lumbre inquieta de veleidades azarosas.

Mariluz es el alma de una casa hidalga; Teresa es el ama de un caserío montés, por donde cruzan las sendas de la Cumbre histórica. Ambas huérfanas de madre, sintieron los instintos de la maternidad espoleados por amor a huérfanos infantiles.

El Andrés de Caso, tipo Astur-leonés, alma desasosegada, joven erudito, deformado en el ambiente Ateneísta, logró hallar el centro de sus destinos en las luchas gloriosas de la nueva reconquista de la patria, y en el silencio acogedor de un claustro.

Alguien criticará, en Cumbre Histórica, demasiada densidad histórica; quizá tenga razón. Pero el autor se acordó de la frase del Evangelio ¨colligite fragmenta, ne pereant¨, por eso engarzó, en la trama sencilla de la novela, el empedrado multicolor de una erudición barata.

Para que no perezcan estos fragmentos, los recoge, acaso con poca fortuna, y los ofrece a la generación moza, que está en la trincheras, haciendo la historia de la nueva España, para que, algún día, se levante a ordenar y copiar los caudales espirituales de un país, que tuvo historia, y tiene retoñando las raíces seculares de un nobleza ancestral y gloriosa.

Que, la montaña leonesa abundan tanto, como los paisajes de belleza soberana, las costumbres sanas de una raza que tiene supervivencias de epopeya.

Lector: Si encuentras en la lectura de Cumbre Histórica alguna emoción grata, no te olvides de rogar a Dios por el Autor y por el Editor.

León, 10 de Marzo de 1938.

J. González

Segundo Año Triunfal.

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(Cómo describe D. José una mañana de mayo por tierras de Riaño – Pontón)

Pág. 5 ss
…En aquellas alturas, las mañanas de mayo suelen ser oscuras y desapacibles. Los manchones de nieve blanquean en las hondonadas y vallejas húmedas de Pontón, como trapos de lino mal cosidos en un traje de seda verde. Las flores tempraneras de los prados tiritan, encogidas y arrugadas; todavía están lacias y vellosas las hojas de las hayas; los charcos del camino se estrían con hielos tenues, y las nieblas se arrastran, se pegan, se agazapan, grises y llorosas, en los valles y en las llamargas.

Empiezan a verdear las praderas estrelladas de margaritas y de campánulas; en el suelo de las laderas, cubiertas de hojas secas, de hojas muertas, resaltan las matas de gamones y de genciana. Las otras yerbas aromáticas, los lirios rojos, los jacintos blancos, asomados están a flor del tapín, esperando los días cálidos y suaves para vestirse y adornar aquellos campos fértiles; cuando se estiren las hojas de los árboles, y se meneen, coquetas, al son del cierzo; cuando se pueblen los montes de pájaros y de vacas, y sesteen los pastores en las lomas y en los collados, cantando cantares dulces y tonadas bravas.

Solo alegran las mañanas de mayo, en Pontón, los arrullos del faisán posado en las ramas más altas de la cumbre, y las voces de la Ventera, mientras ordeña las vacas en el corral, y riñe con los terneros, y llama a su padre que todavía duerme, y a los rapaces ¨que no hay quien los despierte.¨…

(Un AMANECER en el puerto del Pontón, Sajambre.
La batalla entre la niebla y el Sol)

Pág. 8
…Una claridad tenue dibujaba los Picos de Europa; los valles hondos eran un mar del que emergían, pardos y negruzcos los picachos de Verrunde, y los conos rasos de Parme. Al norte, hacia el Cantábrico, había nubes, como fajas horizontales que se perdían entre brumas y celajes oscuros. Todo dormía…El viento, los aldeas, los chozos…, los hombres, las aves…

Primero fueron unos rayos violáceos que se iban tiñendo de sangre; después…, unas nubecillas que nadaban en el azul del cielo se fueron bordeando de púrpura, y las crestas calizas se ponían más lechosas, más blancas. Se dibujan los robles en las cumbres vecinas; los rizos de las nieblas se aclaraban, se movían en vaivenes, hinchándose, tomando posiciones para luchar con los rayos del sol. Era un resplandor, menos de cuarto de luna; como si a los riscos más altos llegaran las lumbres de un incendio lejano.

Eran negros los montes que no envolvía la niebla; los canalizos y canchales de Carombo semejaban estrías que surcaban los dorsos de los macizos gigantescos; se apagaban las estrellas y el azul del cielo ponía matices de nácar y de oro. Nada rompía la majestad severa de aquel silencio. Sobre Peñasanta se posó, como un beso, un haz de luz; parecía la primera sonrisa de un amante. Luego, otros haces más rubios llegaban a Carombo, poniendo, sobre el manto blanquecino de las calizas, manchas de fuego, colores desleídos de flor de escoba, reflejos de ascuas sopladas por el viento. Hacia LLavaris, un faisán rompió su canto de amor. ¿Cantaba a la aurora o la hembra que le esperaba en la loma vecina?…

La niebla se revolvía inquieta y nerviosa; rebrillaban, como perlas, las gotas de rocío colgadas de la punta de las yerbas y de las yemas abultadas de los robles; en el oriente, sobre las nubes opalinas, se pintaba el disco del sol con una limpieza inmaculada. Se calentaron, entonces, las gargantas de los pájaros, y sonaron los primeros mugidos de los toros. Las niebla se desgarraba, y los girones más grises se pegaban a los riscos, a las vallinas, y en tanto, el sol, majestuoso, subía lento, repartiendo sonrisas y desdenes, besando, primero a los gigantes, para entregarse, después, todo a toda la naturaleza que le esperaba vestida de galas y de agravios. ¡Qué lucha aquella del sol con la niebla!

Era la batalla entre el guerrero noble y fuerte y la astucia y mañas del débil. La niebla se parapetaba en los rincones, en las umbrías, y el sol se apoderaba de las cumbres; la niebla fingía huidas y retiradas, estirándose por barrancos, y por los arroyos, y el sol iba mordiendo poco a poco el manto gris, rasgándolo en las colinas y en las lomas. La niebla era un reptil que se arrastraba, y el sol un león que sacudía las melenas de fuego, orgulloso y triunfador. Por entre aquellas desgarraduras se asomaba Verrunde como un tapiz de esmeralda, moteado de avellanos y de robles; Oselia, la blanca, colgaba de una ladera, y más abajo la grieta de los Veyos, imponente, soberbias, abierta en la roca por el río, a fuerza de siglos y de besos.

De pronto, la vencida se yergue, se levanta, se apelotona, formando murallas ciclópeas, y saliendo de los escondrijos, se presenta cara a cara, al sol, su rival. El sol entonces, -no sé si por coquetería o por descuido,- se dejó envolver, sumiendo horizontes y alturas en una noche oscura y húmeda.

Fue cosa de un momento. Los que necesitó el gigante para arremeter con bríos nuevos, y en pocos minutos se sorbió en la niebla, apareciendo los paisajes realzados por una belleza imposible de retratar. Unas guedejas que quedaron flotando en las fauces de Veyo, retadoras y tercas, parecían decir al sol: ¡ya me las pagarás en Diciembre!

¡Gloria a ti oh sol, que vences cuando luchas, y fecundas cuanto tocas, y embelleces cuanto besas, y das calor y vida, hinchando, hasta abrirse, las yemas de los árboles y los botones de las rosas!…

Pag. 28
El ambiente del día me tonificó. El sol robaba aromas a las flores para embalsamar el aire limpio y sereno, y los ruidos del arroyo, que rasgaba el césped en zig-zag caprichosos, me traía una música deleitosa y suave que me entraba por el alma, refrescándola y alegrándola…

Los hayedos se habían vestido con toda sus pompa; las praderas estaban tachonadas de margaritas; la yemas de los robles se empezaban a abrir; en los recodos del camino, entre el follaje muerto, ponían las violetas un tinte de ternura melancólica; algunos lirios rojos y morados meneaban su talle esbelto; pardeaban los brezos de las cumbres de Parme, y las laderas cubiertas de escobas parecían un ascua inmensa; una pareja de cigüeñas picoteaba en los remansos del riachuelo; cantaban a porfía los ruiseñores; mujía un toro, y las codornices, en la vega no cesaban de reclamarse…

Pág. 44
El sol poniente doraba las copas de las hayas; bramaban los terneros; algunas vacas bajaban del monte con los retesos hinchados, goteando la leche los pezones; un auto subía, veloz, a la giba del puerto; unas vedijas de niebla se posaban en las cumbres, y en la vega florida, hacia el arroyo, cantaba amores tiernos una codorniz…

(La ¨belleza¨ de la naturaleza y la preocupación)

 pág 52
Ni la brisa que apenas de movía; ni las sombras frescas, ni el aroma del campo, cuajado de flores, ni el ruido manso del arroyo que se entretenía en sembrar perlas sobre el cáliz de los lirios y de las peonías, ni las dulce poesía del paisaje, todo verde, ni la frondosidad de los árboles que cubrían, con sus ramas, las colinas y los valles, los raigones de peñas y las erosiones pizarrosas de las laderas. ¡Nada veía yo aquel día capaz de tonificar el alma! ¡Todo era para mi, con alma de poeta, ruidos muertos, verduras de otoño, bellezas mustias y gastadas!

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(El haya y el roble. La hayona de Fonday…)

Pág. 53
La copa redonda, como un paraguas enorme, tan cerrada de ramas y tupida de follaje que ¨cobija a su sombra, decía el Cura, a un rebaño de merinas y se sufre, debajo de ellas, un chaparrón sin mojarse¨.

El tronco lleno de cicatrices que la savia recubre, cariñosa, todos los años, tiene, en la corteza, flechas y nombres que los pastores y viajeros leen y rumian. Quizá una cita incumplida, quizá algún recuerdo de un vendaval de nieves, acaso un idilio. ¡Cuánto nos podía contar el haya si tuviera lengua!

A dos metros de altura se abre el ramaje esplendido; las ramas bajeras del norte descansan sobre los brazos musgosos de un roble alvar, más viejo que el haya y más alto y más esbelto. Por la campera cerrada de tapín verde se extienden las raíces de ambos abrazadas, a trechos, retorcidas y nudosas, bajando a porfía hasta un regato que alimenta la fuente, para beber y llevar savia y frescura a los troncos, surcados de arrugas y a las ramas pomposas y verdes. ¡Me parecieron, aquel día, la imagen de un matrimonio secular y fecundo! Ella más acicalada, más pulcra, más femenina, coqueteando con el viento y con el sol; y él, más fornido, más robusto, tieso como un soldado, serio como un centinela, desafiando las iras del aire y los latigazos de cellisca y de la nieve. Pag 54 (58 digital)

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(Descripción de una mañana)

Pag 67
Era una de esas mañanas de San Juan en las que el valle de Baradón (Burón) luce todos los lujos de su hermosura sin igual. Los prados de la vega y los secanales de las lomas empezaban a pardear, madura ya y granada la yerba. Los trigos trimesinos ondulaban, recién espigados, en un mar de esmeralda; los árboles floridos, los escobales, como un ascua, los camperonas de Burín verdes, el hayedo de Tendeña, como una piel verdinegra cubriendo canchales y pedrizas, la boca de San Pelayo como la portada de un templo que la naturaleza levantara, bello y artístico, para envidia de la humana arquitectura, los hayedos de la umbría se colgaban de la peña, tapando cariñosos, las erosiones y cicatrices, los crestones desmoronados, y mordidos, para que no se vieran las arrugas de los siglos, ni las desgarraduras de los neveros. Parecían tapices de damasco verde cubriendo la osamenta de un gigante fenecido. A trechos, en el hayedo, se destacan algunas hayas lisas, y sin ramaje, orgullo de la raza, como centinelas que guardaban y defendían el manto de una Virgen. Allá, arriba, en los cinchos se dibujaban unas cabras, que podían ser rebecos, buscando las sombras de los picachos para sestear. Todo eran matices de vida, de vida ubérrima, de vida cuajada en flor y en frutos llenos de esperanzas.

¿Què valen las bellezas todas creadas por los hombres, las ciudades pletóricas de lujo, las industrias ricas, los progresos de que se envanece el hombre, en comparación con la hermosura, la riqueza, y la paz y sosiego de los valles de mi tierra?

Harto yo de admirar jardines y paseos hechos con medida, y cultivados con método, parecíanme ahora juguetes de niños caprichosos, imitaciones pobres y desmedradas de estos jardines que cuida y hace la naturaleza sin planos ni limitaciones. Sólo el lienzo policromado de Burín y las telas finísimas con que se atavía San Pelayo valen más que todos los colores y lujos inventados por la industria de los hombres…

(La vida sosegada del Celto-Astur. Estados del alma)

Pag 83
-¿A que no sabes – desde hoy nos tuteamos – que observación tan sagaz se le ocurrió hoy a Andrés? -Tu dirás… -Que se observa en este país un contraste inexplicable. ¿Porqué, siendo el paisaje tan accidentado, tan riscoso, en cambio es el paisaje plano? La vida de las gentes es tan igual que no tiene altibajos, ¡no hay una tragedia, ni siquiera un drama! ¡Hasta los delitos y los crímenes son triviales!

-No me parece tan significativo el contraste, le contesté, pues los caracteres son fuertes, ásperos, si se quiere, como las crestas de las montañas, duros e independientes, como las cortezas de los robles que se resquebrajan y arrugan, pero no se pulen, ni con golpes de hacha, ni con pasos de garlopa. Yo veo en esos hombres, la raza Celto-Astur transmitida a través de los siglos, tan individualista y tan tenaz, que, aunque ruede por esos mundos, ni se modifica ni se funde. Y como son todos lo mismo, y tienes frenadas las pasiones que engendran las tragedias, viven tranquilos, ¨ni envidiosos ni envidiados¨, porque, ni han sentido restallar el látigo del tirano ni la ¨malesuada fames¨ del poeta los ha entregado a la desesperación. Aquí son todos amos. Todos tienen pequeñas propiedades, todos duermen en su casa, todos son dueños de estos montes riquísimos y de estos pastos ubérrimos, y de estos ríos que llevan la savia a los prados y crían pesca exquisita. Aquí, el más rico, es el que más trabaja, el que menos descansa. Las medianías de fortuna, son los que llevan una vida más sosegada. Y como casi todos son medianías, por eso sienten como nadie la democracia en el régimen interno, porque casi todos son iguales y casi todos sirven para cargos públicos, ¿cómo va a ver altibajos? No hay analfabetos, no hay desigualdades sociales, no ha habido Nobleza dominadora, no ha habido señoritos.

Sólo se recuerda a algún Mayorazgo, ejerciendo un Patriarcado tan suave, tan benéfico, que su memoria es bendecida.

Para que haya dramas, tiene que haber grandes injusticias sociales, grandes diferencias, en la propiedad, en el dominio, en la herencia…

Además, como son profundamente religiosos, la religión les sirve de freno y los ata con las lazadas del amor y de la caridad.

Si hay dramas y tragedias, quedan todas deshechas en las penumbras de los Confesionarios…

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(Cómo se veía a la mujer en aquel tiempo pasado)

Pag 84
… -¿Y las mujeres? -Las mujeres menos. En ninguna parte son tan amas como aquí. Casi nunca oirás decir a los hombres ¡La mi mujer, la mi costilla!; sino, ¡la mi ama! Son dos dominios que no se rozan, que no se encuentran, porque ellos mandan de la puerta para afuera y ellas de la puerta para adentro. Son dos poderes que conviven y tienen delimitadas sus funciones.

La mujer, no es esclava como en otros países, ni se ocupa en las labores del campo mas que como ayuda, ni sale de casa más que por una necesidad. Las verás en los prados, en el monte; pero, delante de ella, antes que ella, va el marido, el hijo, es decir, el hombre. Hubo épocas en que el montañés era pastor trashumante y entonces la mujer araba, cortaba la leña, guardaba el ganado, pero el pastoreo se va acabando y la mujer montañesa vuelve a su sitio, al hogar, a la cocina, a la costura en las solanas, al fisgoneo y mentidero de las portalinas, moviendo siempre los dedos en la rueca, al compás de la lengua y de los ojos…

La mujer, aquí, no está descentrada como en las ciudades, en donde los paseos, los teatros y hasta los templos tienen que ser verdaderas exposiciones en donde la mujer o tiene que reprimir los instintos santos de la maternidad legítima, o tiene que disputar al hombre, los puestos públicos, o cae en esa sima vergonzosa del vicio y del desamor…

Y cuanto más avance el feminismo, contra natura más se desquicia la sociedad y más crímenes y dramas se cometen. La mujer que tiene que asaltar las oficinas, que se lanza a la conquista de los derechos políticos, que entra en los Círculos a título de Cultura, que viaja sola, ¨viviendo su vida¨, como ahora se dice, que se masculiniza, asistiendo a los juegos atléticos, la superfémina, no siente, ni puede sentir, ni tiene tiempo de sentir, ni de cultivar los encantos propios de la Feminidad, el rubor, el recato, el recogimiento que tanto las embellece y poetiza. No hay cosa más ridícula que una mujer hablando de los derechos del hombre, cuando es ella, la mujer, la que tiene que empezar por hacer a los hombres derechos desde la cuna al sepulcro…

La mujer montañesa entra en el matrimonio, que no es un yugo, sino una aspiración, un Sacramento bendecido por Dios, sin ser una carga, ni un figurín, como acontece en las ciudades, en donde se quedan muchas…

-¡Estás elocuente; dijo don Juan-Antonio.

-La elocuencia no está en la lengua, está en las cosas. ¿No es verdad lo que digo?

-Si hombre; pero sin darte cuenta, estás podando las alas a Teresa, ¿no es cierto, rapaza?

-¡Ya, ya! Contestó mi sobrina. Las mujeres tenemos que pagar todas las culpas.

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Ver pág. 90 (historia antigua) Manpodrelos suspiros y llantos de las mujeres, al ver que los vencedores podaban las mano a los vencidos

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En sueños se veía al rio Esla (que dio nombre a los astures) divisorio de Cántabros y astures.

Pag. 91
…Aquella guerra con Roma fue una escuela de patriotismo; las tragedias del monte Vindio, manantial perenne fueron de poesía…
Y sucedieron aquí estas escenas, en estos montes, en estas cumbres, en el macizo occidental de los Pirineos. Los valdeoneses fueron Cóncanos, y los Cóncanos, según Horacio eran Cántabros. El Esla dio nombre a los Astures y el Esla es mi rio, es el rio de mi montaña, que acaso sirviera de límite de pueblos, de línea divisoria entre Cántabros y Astures. Iberos son los nombres de las aldeas. Perduran costumbres viejas, primitivas, como los aluches, las hogueras y ramos en el día de San Juan, algunas ceremonias de las bodas y de los entierros y el carácter indomables de la raza, y los posos de esa poesía popular, rapsódica, juglaresca que aún vive en los hilanderos, en los pastores y en escenas como esta que me hizo soñar sueños dulces y deliciosos. Hay algo de racial que los libros no cuentan, pero se vislumbra y sospecha la imaginación, entrando libre y sin travas por los campos que no espigó la historia…

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(D. José afronta con valentía conflictos históricos: tertulia donde las ideas contrarían la historia…)

Pag 94 …
Aprendí de boca de Andrés muchas historias de mi país, y supe muchas cosas de arte que ignoraba…Si la memoria le flaqueaba en alguna cita, en alguna fecha, saltaba, sin que se rompiera el hilo de su discurso. Conocía todos los archivos, había leído todo lo que se ha escrito de estas montañas, y por si su erudición prodigiosa no le bastara, le había dado Dios una fantasía fecunda y creadora.

-Es este –le dije- un bello país, sin historia, sin arte.

-No lo crea usted. Yo hice, en el Ateneo de Madrid un discurso en que proponía que a los capítulos en donde los niños de León aprenden la historia de la RECONQUISTA, debe añadirse un tratado que podía titularse, RECONQUISTA DE LA HISTORIA. Porque la historia está escrita por Castellanos, es decir por enemigos de la historia de León y Asturias. Y los niños siguen aprendiendo aquello de la traición de los Velas, y la TRAICIÓN DE VELLIDO DOLFOS, que no sé porque no tiene este personaje una estatua en Zamora ¨LA BIEN GANADA¨, por haber libertado a la ciudad de doña Urraca de la tiranía absorbente de Rey de Castilla. Cuando Castilla no era más que un Condado, León era ya un Reino, como confiesa el autor CASTELLANO del Poema del Cid. Y un Reino que puso las fronteras en el Duero, y se detuvo allí dos siglos para razziar y libertar a los Campos Góticos, a las tierras ingratas de Catilla. ¡Ahora se empieza a escribir la historia del Reino Astur-leonés, sobre las fuentes mismas de los Cartularios viejos, y allí están los hechos narrados, al desdén, sin pretensiones apologéticas entre el fárrago curialesco de testamentos Reales: ¡La historia verdadera antes de ser explotada por el criticismo demoledor del siglo XVVIII!

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(D. José continúa con relatos a modo de tertulia donde se presenta la historia, raíz étnica de la zona…)

Pág. 95
-¿Y está ahí, en esas fuentes, la historia limpia de estas montañas?

-En parte. Desde el siglo IX acá. Antes, este país fue una confederación de pueblos IBEROS, una agrupación GENTILICIA. Así lo pregonan las lápidas latinizadas: ¨EX GENTE VADINIENSI; CONCANA, ZOELA¨. La mayoría de estas aldeas llevan aún nombres Iberos. Maranna, Taranna, Baradón, Iskaro, Ankiles, Guérgano, Loídes, Crémanes, Argibejo, Morgbejo, Bejovello, Alexe, Noanca, Primalias…nombres que pasaron por la pronunciación latina sin corromperse, que atravesaron las turbulencias de las invasiones, sin perder, apenas, una sola sílaba. Abajo, en las llanuras, los pueblos indígenas, se convirtieron en VILLAS, en Granjas, en Pagos.; en la zona Pirenaica, vivieron, durante la dominación Romana con su autonomía, con su constitución interna, con sus leyes consuetudinarias.

Por las llanuras pasó el azote Godo y la aristocracia Romana se arruinó por completo. Es este país, no queda de los Visigodos, ni una huella, ni una lápida, ni un sepulcro. Es que no llegaron acá. Los Árabes pasaron al Cántabro por los Montes Esbasios, por donde había, trochas y sendas abiertas por los Astures de Astúrica. Por aquí pasaron muy de prisa, como vencidos y perseguidos, después de la derrota de Covadonga, preparada y ejecutada, aquí y en los valles asturianos colindantes. Cuando se formalizó la reconquista, con los primeros ALFONSOS, había en estas montañas, un inmigración numerosa, y mientras los monjes oraban, los soldados iban jalonando los hitos de la reconstitución política y social. Las luchas intestinas de los Condes y parientes de Reyes Asturianos, no arraigaron aquí, porque era este país eminentemente democrático, que no sufrió jamás, el yugo de otro Señorío que no fuera el del Rey.

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(D. José continúa la narración de la historia del lugar por boca de ´Andrés´)

pág. 96
…En el siglo X, vemos ya a los Concejos luchar con los Monjes…

Por esta época empiezan los Condes a tener propiedades inmensas en la montaña, pero, sobre ser vitalicias, estaban condicionadas por los derechos de las Merindades.

La de Baradón luchó, por su autonomía, con tesón y con fortuna. Los Monjes de Sahagún pretendieron en tiempos de su gran amigo Alonso VI, tener en Valdeburón, Caballerizas, como las que tenía el Rey, pero sólo se les permitió criar caballos, en puerto altos.

-¿A que va a resultar cierto, que el caballo Babieca del Cid, se crió en Rio-sol, como dice la tradición?

-No lo negaría yo. Pues es sabido que al Cid lo obsequiaban con esplendidez los Monjes de Sahagún y estos criaban aquí sus caballos de batalla.

-¿Y el FEUDALISMO de los Monjes de Sahagún llegó aquí?

-Aquí no hubo más señorío que el del Rey, el cual delegaba su jurisdicción en los MERINOS, que eran elegidos, todos los años, en julio, por el voto libre de los Concejos, de los cinco Concejos de Baradón, Maranna, Sajambre, Val de Eón y Alión.

Y cuando Enrique IV dio esta Merindad al opulento e influyente Marqués de Tovar, Señor del Guergano y de Tierra de la Reina, la Merindad se resistió, ¨VIRIBUS et ARMIS¨, y las mesnadas de Tovar no pasaron el puente de Torteros entre Otero.

Daba gusto oír a Andrés. El Cura estaba con la boca abierta y yo no perdía una sílaba de aquel discurso elocuente y erudito. …

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(D, José habla de la historia del que hoy conocemos como Palacio de los Gómez de Caso en Burón)

Pág. 98
-¿Y el castillo de las CASONA de Baradón?

– Ese fui el Castillo de la Merindad, que desde antiguo, era gobernada por una familia privilegiada, por los GOMEZ, apellido de origen Lebaniego que tuvo soleres en las montañas de Camargo y cuyos linajes eran tan antiguos como los de los Reyes tenían por armas tres bandas rojas, orla de plata, y desde el siglo XII, ocho cruces de Alcántara verdes.

-Sin darse usted cuenta, nos va metiendo en su casa, en la Casona de los Gómez de Caso de Baradón.

-No; los Caso son viejos; los Gómez de Caso no pasan del siglo XVI. Los Caso tienen linaje que entronca con Reyes. En el Cantar de Rodrigo se dice: ¨Este Rey Pelayo tuvo una hija de ganancia e fue casada con Suero de Caso¨. Otro Suero de Caso fue Juez en el pleito de las hijas del Cid. Aún conservamos la torre, sobre el solar antiguo, con esta piadosa leyenda: ¨El bien del Cielo nos vino¨.

Un hijo de los Condes de Ponga, hacia mitad del siglo XVI, Andrés de Caso, se casó con doña María Gómez, hija del Merino de Baradón. Ese es el tronco del que salieron retoños gloriosos, que enlazaron, en Castilla con los Salinas, Cisneros, Villafañe, Quiñones, Guzmanes y Lorenzanas.

-De modo que, en resumen. ¿la historia de este país?…

-Un Clan Ibero, una federación Astur, un territorio autónomo, unos Concejos agrupados en Merindad democrática, que no tenía más señor que al Rey, y cuyos habitantes hicieron la guerra Romana, la epopeya de Covadonga; estuvieron en las Navas, en el Salado, y en las Comunidades, Y gracias a su autonomía se vieron libres de las luchas intestinas de los siglos XIV y XV.

(D. José describe del cierzo de Tarna y  Pontón… que tanto enfría Riaño y que desde Crémenes se observa en ocasiones sobre Las Pintas)

Pág. 102.
Cuando salí de Pontón, se ocultaba el sol tras los picos, arrebujado ente mantas grises, que movía el cierzo. La niebla corría valle abajo, como empujada por fuerzas invisibles; parecían plomo los remansos del arroyo, y se ponían de punta los pelos de las bacas que pastaban en las laderas. Empezó a caer una lluvia menuda, finísima, como tamizada por telas de seda; se abangaban las ramas de las hayas y relucían como endrinos a medio madurar los arándanos de la umbría. Se acurrucaban los segadores debajo de los árboles y semejaban las presas de riego cuchillas de acero recién afiladas.

Al revolver de Campolongo, la carretera estaba seca, y la niebla se detenía en aquella garganta como guerrero que medita las posiciones del enemigo. Afortunadamente para ella, el sol se estaba muriendo, encima de Manpodre, y los últimos rayos que despedía se estrellaban contra los montes de Iskaro, sin fuerza y sin color.

Cubierta del libro CUMBRE HISTÓRICA libro de D. José Gónzález Fernández

Cubierta del libro CUMBRE HISTÓRICA libro de D. José Gónzález Fernández

Envuelto en mi capote inglés, y cubierta la cabeza con una gorra de piel de nutria, no sentía frio. De las narices de embudo del caballo salían columnas de vapor, que se cuajaban en gotas de agua en las crines de la frente y en los alamares de la cabezada.

Al pasar Torteros, el paisaje de Baradón estaba hosco y neblinoso. El cierzo bajaba hasta medias peñas, y flagelaba el aire como puntas de fusta. Me apeé, y con gran sorpresa mía, estaban sentados en las covachas del conglomerado don Felipe y don Juan Antonio esperando a que amainara un poco aquel viento duro que hacia encajes de filigrana en las lagunas de la vega, y peinaba con furia las espigas de los trigos arremolinados con el peso de la granazón.
Continúa en página 103

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Descripción del paisaje desde el puerto del Pontón hacia Sajambre y el desfiladero de los Beyos.

Página 107
Desde la cumbre se divisaba un paisaje soberbio. El valle era una concha enorme estriada por arroyo y por canalizos. Un valle hondo, sin una llanura, que se cerraba al norte por la grieta del Veyo (los Beyos) y se espandía, como un abanico hacia las colladas leonesas. Los hayedos de un verde intenso, de tapín de fuentes, cubrían, como un manto de seda, las umbrías pindias, contrastando con el verde oscuro de robledales y avellanos. Eran las praderías, retazos de damasco, tapices cosidos por una flora exuberante y frondosa. En ambos Berrunde, relucían las guadañas al sol, como filos de sable desenvainado, cortando la yerba parda de los secanos y la yerba verde de las hondonadas. Las carretera se retorcía, entre taludes y desmontes, se precipitaba por pendientes rápidas, desparecía, volvía a asomar, se escondía de nuevo, entrando en el Veyo como una serpiente que busca la cueva.

Del fondo del valle, emergía escabroso, negruzco vestido de harapos de brezo y de zarzas, un raigón silício vomitado por el volcán en días geológicos. Estaba achatado, humillado, delante de aquellos gigantes que se llaman Picos de Europa y de aquellos colosos que dividen el Concejo asturiano de Ponga del valle sajambriego. Don Felipe me dicía que el raigón se crece, se estira, se yergue, a medida que se baja a los pueblos. Desde Oselia (Oseja de Sajambre), ¨parece un centinela altivo y provocador¨. Sobre los neveros de Peña Santa rebrillaban los rayos del sol. Por allí, me decía el Cura, debieron pasar los restos del ejército árabe destrozado en Covadonga, para bajar a Valdeón y pasar a Liébana, en donde les esperaba la tragedia de Cosgaya.

La batalla de Covadonga

-¿Cree usted – le dije – en la batalla de Covadonga?

-¿Esas tenemos? ¿No crée uste en ella?

-Creo en Covadonga; en el milagro de la virgen, pero no creo en una batalla; creo en una serie de batallas, en un serie de episodios, que duraron cerca de 20 años y que llevan un nombre glorioso enlazado con el nombre de la Virgen de Covadonga.

Aquello debió de ser un continuo golpear sobre un yunque hasta que se deshizo el martillo. Creo que todo sucedió en estos valles, en los asturianos y en los leoneses. ¿Por qué se llama eso P eñasanta? ¿Por qué hay la Virgen de Corona en Valdeón? ¿Por qué están en tierras leonesas muchos nombre, como Beza, que suenan en las crónicas árabes?

-Ya discutiremos eso que no deja de ser interesante.

Nos sentamos junto a la fuente. Teresa se dedicó, mientras nos desayunábamos, a coger arándanos, negros, como uvas maduras y fresas anémicas de un aroma y de un sabor exquisito. Las ramas de hayucos, y las mostajeras y argúmenos empezaban a poner, sobre las piñas, los primeros tintes anaranjados. Ni un rayo de sol penetraba a través de aquel boscaje tupido y salvaje. Cerca de nosotros se oían l os golpes secos, periódicos de un hacha, los canturreos interrumpidos de un maderero. Hacia el Norte, hacia el mar, un cielo oscuro ribeteado con franjas moradas cerraba el paisaje lejano. Sobre Carombo se posaban unas nubes blancas, como pellones de nieve inmaculada.

Rastros del oso

Salimos a la carretera, y por un trechero de barro negro, como betún, y al cruzar una vereda, el Cura me señaló, en el suelo, las huellas recientes de un oso. Los dedazos abiertos, el calcañal hundido, la zarpa calcada sobre el barro, las desgarraduras de las arandaneras, todo hacía pensar que la fiera había cenado en aquellos bardales.

Este, me decía don Felipe, es uno de los pasos obligados, y ahora estará durmiendo, quizás lejos de aquí, acaso tenga la cama en estos arroyos ¿quién sabe?

-Los hay de dos clases ¿no es cierto? Hervíboros y carnívoros.

-Eso se dice en los libros que escriben los naturalistas… en las ciudades. Yo creo que el oso pardo de los Pirineos, el que abunda en estas montañas, es de una sola familia. Empieza por ser hervíboro; luego se aficiona a los insectos, a las hormigas, a las avejas, y se hace insectivoro, y cuando prueba la carne, promiscúa sin remordimientos de conciencia. Sin embargo, es indudable, que prefieren la miel y la fruta a la sangre y a la carne.
Continúa en la página 109

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 ¿Dónde nace el Esla?. Fuentes del rio Esla.
El rio Yuso

Página 115
-Ya sabes que hay quien dice que el Esla es el que baja de San Clodio (léase el puerto de San Glorio) por el Huérgano (léase Boca de Huérgano).

-Sí. Y quien inventa e interpola escrituras antiguas, como ocurre con una Conferencia Geográfica en la cual se dice, que el rio de Iskaro (Escaro) es el Yuso. Claro. Como que el Yuso nace aquí, en Pontón, y pasa por términos de Iskaro antes de que lo sorba el Esla en Torteros. El Esla siempre ha nacido en Riosol. Sé de memoria las escrituras que nos describen, sin quererlo, este país. El río de San Clodio (el puerto de San Glorio) es el Bierón, ¡óyelo bien!, el Bierón, según cuenta un Presbítero de Barniedo, que dona sus posesiones a Santa María de Regla. ¨In varneto, in Riangulo, pro quo territorio, flumen discurrit Bieron.¨ ¿Lo quieres más claro? ¡Y el que hacía esta donación en 1080, debía saber cómo se llamaba el río de su pueblo!

¿Y aquella otra de Eslonza en donde se dice que Fervenzosa(¿?) estaba ¨discurrente flumine Estula? ¿Y la de la Condesa famosa doña Sancha, asesinada por un sobrino, porque dejaba sus cuantiosos bienes a la Catedral de León, y para la cual, los Canónigos agradecidos, hicieron un Mausoleo lujoso? Pues esta Señora dice ¨donó a Santa María de Regla¨ Monasterio qui est in Baradonis, diescurrente flumine Estula, vocábulo San Salvatoris. ¡Que te lo traduzca el Cura, y te dirá que la Iglesia de Baradón aún lleva ese título antiquísimo de San Salvador! Te dirá más, te dirá que la Liturgia es una fuente abundosa de la Historia, y que los títulos Parroquiales no suelen cambiar, y ese de San Salvador denota una antigüedad que se remonta a los tiempos del triunfo del Cristianismo, con Constantino.
Continúa en página 116

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Descripción sencilla de la geología de la zona

Página 144
-De Geología – dijo Alfonso que continuaba displicente – sabe mucho don Raimundo.

-Estamos – empezó este – en el extremo occidental del espinazo de los Pirineos, en las vértebras del norte, rotas a cercen, hacen que los declives sean casi verticales; en cambio las del Sur, se abren, se tienden ligeramente inclinadas, formando embudos invertidos.

Estos macizos montañosos son Pliecenos, y antes debió de haber grandes llanuras, grandes lagos y al levantarse las moles calizas, unas por volcanes, otras por ondulaciones de masas hirvientes, quedaron plasmados los valles, las colinas, los picos. Luego se fueron desnudando las cortezas por la acción de las aguas y los torrentes trituraron y redondearon, en cantidades enormes los cantos rodados que se estratificaron, formando esos terrenos cuaternarios que aprisionan reliquias de vida animal primitiva.

-Alfonso, que estaba de bruces sobre la yerba, exclamó. ¡Qué barbaridad!

-Las riberas – continuó el abogado – la del Esla y la del Bierón (Bayones?) debieron estar embasadas porque el nivel de la garganta de Bachende era más alto que el nivel de las vegas; acaso corrieran las aguas hacia el norte derramándose en cascadas que cavaron esos valles hondos de Asturias; las calizas son más modernas que las masas silíceas, y estas no tuvieron la elevación de aquellas, pero después, más blandas, los ríos fueron desgastando, abriendo grietas enormes hasta que se regularizó la corriente en dirección al mediodía. Desde Bachende hasta Cisterna, en los escobios, hay señales inequívocas que nos dicen el nivel del rio, a una altura de varios metros sobre el cauce actual.

¿Qué para esta labor, se necesitaron siglos, muchos? La Geología no se preocupa de la Aritmética.

-De modo, repliqué yo, que crees que todo Valdeburón y todo el Guérgano fueron remansos de un gran rio.

-Justo; remansos de un gran rio; en donde quedaron masas de arcilla arrastradas desde las vertientes calizas y grandes masas de arena y de cantos rodados que rebordearían el flujo y reflujo de las aguas.

Ya se hablaba del que es hoy pantano de Riaño

-¡Algo parecido a lo que volverá a ser cuando cerréis y taponéis a Bachende para regar los páramos.!

-¡Yo creía que todas las peñas eran volcánicas!, – repuse yo. –

-No señor; la corteza terrestre, aquí como en todas partes, se hinchó, se llenó de tumores, de protuberancias, cuando estaba blanda, pastosa la piel, y los gases del interior lograron eructar abriendo brechas irregulares; después los volcanes hicieron esos caprichosos laberínticos, esos conos elevados…

-Como Espiguete y las agujas de Bachende – dije yo –

-Exacto; Espiguete, cuya cima truncada estamos viendo, nació de un vómito; sobre la cúspide hay una verruga piramidal que parece el último latido del corazón de la tierra.

-Es un pico muy bonito; ¿qué altura tiene?

-2450 metros; más altos son Peña-Santa y el Naranjo de Bulnes, y parecen desde aquí, achicados; ¡cosas en perspectiva!

-¿Espiguete es Palentino?

-Por sus cuatro costados – dice Díaz Caneja – un poeta leonés que lo describe maravillosamente. Pero los vecinos de Valverde – que son leoneses – no le perdonan este desliz…

… Con los gemelos, no me cansaba de escudriñar el dorso de Espiguete; tiene simas profundas, fajos enormes, cresterías que parecen talladas por Pedreros Ojivales, perfiles gastados por la nieve, neveros seculares que semejan manchones dibujados por pinceles divinos… y sin embargo, a simple vista no se ve una arruga en su cabezota ingente y azulada.

Curiosidades históricas

-Al sur de Espiguete – decía Andrés – está Vellica, la heróica ciudad de los Cántabros. Entre norte y saliente, Curavacas, con su lago encantado del que la leyenda cuenta cosas terribles de los Condes de Alba; por esas cumbres iban y venían los Cántabros trazando con sangre aquella epopeya que no tuvo Homero pero que hizo zozobrar la nave de Roma.

-¿No hay monumentos de esa época?

-Los hay pero sin estudiar. Algunas lápidas sepulcrales, restos de fosos y de acueductos y en Portilla, un cueva que debe ser tan importante como las famosas de Santillana.

-Hay que tener en cuenta que los Cántabros y Astures estuvieron casi siempre federados para fines militares y corrían por estas montañas indómitas con sus ajuares, con sus ganados, buscando seguridad, en las invasiones. Eran clanes trashumantes.

-¿Hasta la invasión árabe?

-Justo; desde entonces, la población se intensificó con las inmigraciones, y Valdeón y Liébana, y todos los valles de esta montaña fueron lugares sagrados de refugio para Obispos, y para Monjes, para ancianos y para enfermos, para reliquias de Santos, para Hospitales y Sanatorios de heridos y convalecientes.

¡Si el Estado que tan prodigo es, gastara unas pesetas en arañar esta tierra, cuántas cosas se descubrirían, joyas del arte, reliquias del culto, luces de la historia!

El día que la prehistoria salga de la infancia, y conozcamos los nombres Iberos, y sepamos si los Bereberes llegaron hasta los Pirineos, y descifremos los nombre de aldeas, montes y ríos sabremos algo de los primitivos pobladores de este país.

De la época Romana, sabemos lo que nos quisieron decir los Romanos, es decir los enemigos; de la época Goda no sabemos más que la eterna canción de los cronistas aduladores de los Reyes, quienes, al final de cada reinado nos colocan el mismo disco; venció a los Vascos, Astures, y Cántabros. Lo que prueba que jamás conquistaron estas montañas.

De los Godos, no queda, por acá, ni una lápida, ni un nombre, ¿qué extraño es, si hasta la Civítas Legionis, y su Obispado, y los términos de su jurisdicción no son desconocidos? Algo rastramos del tan discutido documento. Itación de Vamba, y algo entrevemos en los Cuartelarios de la época de l a Restauración, y sobre estos se empiezan a hacer estudios sociales, jurídicos de gran importancia.
Continúa en la página 148

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 La casona de Burón, el Palacio de los Gómez de Caso

Página 180
Andrés y yo nos habíamos adelantado un poco y él me iba hablando de la grandeza pretérita de la Casona de Baradón, en cuyos palacios había visto yo, siendo niño, muebles lujosos, arcones de roble taraceados con singular maestría, bargueños cuajados de incrustaciones de nácar, armarios de castaño con cerrajerías caladas, mesas de nogal, de un solo tablero, anchas y sin cajones, sillones de cuero, revestidos de damasco, cornucopias antiguas, retratos en lienzo de personajes de la familia, todo un museo que valdrá una fortuna.

-Que valdría, me replicó Andrés.

-En Baradón – añadió – no queda nada; algo hay en Ponga y en Caso, la mayor parte de aquella riqueza se perdió sin provecho ni gloria. Nos queda el archivo y el Becerro; lo bastante para ver la riqueza de una casa que dio Obispos, y Catedráticos y Generales y Gobernadores en tierras americanas.

-¿Y los escudos?

-Es lo único que queda de tanta grandeza. Las techumbres de los palacios abandonados son las primeras que caen; después, las aguas van pudriendo las tarimas de los pisos y las paredes interiores se agrietan, se desbarrigan y cubiertas de escombros rellenan los suelos enlosados sobre los que crecen, pomposas y verdes las matas de ortigas y los sarmientos de las zarzas. Poco a poco, van quedando en el esqueleto arquitectónico, las torres enhiestas, las portaladas de recia armadura de piedra y allí en las portaladas y en las torres suelen campar los blasones heráldicos, los escudos que pregonan la grandeza entroncada de la familia. A lo más las pedradas de los chiquillos suelen romper los petos y los lambrequinos, las águilas de los cuarteles y los símbolos y alegorías de las enjutas. El escudo queda como algo inmortal, como la supervivencia de una raza que cayó dejando rastros imborrables en la historia. Los escudos rotos, mordidos de los viejos castillos suelen vivir, después, incrustados en los dinteles de casas nuevas, como algo espúreo, estraño y mudo.

-He visto que los escudos de los Gómez de Caso se conservan bastante bien, y no son complicados.

-De todo hay; en Baradón, la familia se multiplicó, y entroncó con linajes recios de León y de Castilla; a cada enlace matrimonial aparecen nuevos escudos con las armas de los Salinas, Cisneros, Villafañez, Guzmanes, Quiñones y Pedrosas; gracias a la erudición y paciencia de Canónigo de León don Fernando de Caso, a fines del siglo XVIII sabemos descifrar los emblemas de los seis escudos que tenían en Baradón los Gómez de Caso.

-¿Y se conserva este estudio?

-Completo, lo mismo que otros trescientos cuadernos forrados en pergamino en los que el canónigo clasificó escrituras, copió testamentos, catalogó con esmero documentos, contándonos, con deleite las ramas y los troncos, y hasta las raíces del árbol genealógico. La fauna heráldica es difícil de ser descifrada, pero en ella hay valores históricos y afecciones íntimas de hogar. Los retablos dorados, las inscripciones latinas, los lebreles de color, las cruces flordelisadas, las águilas bedefalas que empezaron siendo características Imperiales, para prodigarse después en escudos de segundones, todo este alfabeto geroglífico es un tormento para los arqueólogos.

Pero, ¡Andrés!, ¿no te das cuenta – interrumpió el médico – de la lata que vas dando a don Juan con tus antifuallas que no interesan ya?

-Me interesan mucho – contesté yo -. Todo lo que sea bucear en la antigüedad de este país, y oir cosas tan peregrinas y tan bien dichas como las que me va diciendo Andrés, me entretienen y subyugan.

-Pero pierde usted la vista de paisajes bellos, y la ocasión de que Alfonso nos colocara la eficacia de las aguas de Sobrón.

-Loa paisajes los conozco y los admiraré otro día, pero los paisajes históricos no salen pintados por un maestro como Andrés, todos los días.

Pues allá va alguna cosa peregrina… que no gustó nada a Andrés
Más historia de los Gómez

-Creo – interrumpió Alfonso – que el primer Caso era hijo de una barragana del Rey, y el primer Gómez era algo así como armijer de don Pelayo.

Andrés se quitó el sombrero, limpió el sudor de la frente, se le encendieron los pómulos, y tartamudeando contestó: ¡Esto me lo dices en tu tierra, en Arcedonio; dentro de un rato, en mi tierra de Asturias, te librarás bien de repetirlo! Has de saber que los Gómez pelearon, desde el siglo IX, en Liebana, por la independencia de la patria; en el siglo X se corrieron por Pernía, y lograron tener los ricos condados de Saldaña y de Carrión; eran los famosos Beni-Gómex émulos del Cid, amigos de Alonso VI, guerreros infatigables que llevaron los pendones de la reconquista hasta más allá del Tajo, y fundaron a Valladolid, como frontera contra los díscolos Castellanos y vanguardia de los linderos orientales de los leoneses.

Una rama de estos Gómez ahincó en Baradón, en el siglo XI, en esta tierra que no era de ningún Señor, que no obedecía a dueño que al Rey, y que se regía en una Merindad democrática, compuesta por los cinco Concejos libres de Maraña, Sajambre, Valdeón, y Alión o sea Salamón y Baradón, que elegían cada dos años Merino, y lograron tener escudo y armas pintadas – tres bandas rojas y orla de plata – y en esta confederación de Concejos, casi siempre era Merino Mayor un Gómez, por la prestancia de su alcurnia y por los caudales de patrimonio. Ni los monjes de Sahagún, con ser tan influyentes en la corte de Alonso VI lograron tener jurisdicción en estos valles, como lo pretendieron, con interés, y solo consiguieron tener sus afamadas Caballerizas, pero, in summa portaría, como reza una donación de aquel monasterio.

-Claro – interrumpió Alfonso – todo esto a colación de hacernos al caballo del Cid, nacido y criado aquí.

No tengo pruebas, pero la tradición sí lo asegura, y en las bodas de Campeador, preparadas con lujo por el Rey leonés, los monjes de Sahagún regalaron al famoso Castellano un caballo, aquel caballo de quien dice el cantar de MIOCID ¨Cá por vos e por el caballo, endrados somos NOS¨.
Continúa en página 184.

-De modo – le interrumpí yo – que los privilegios de los Gómez de Baradón no son personales?

Los Gómez de Caso

-Claro que no; les fueron concedidos en tanto en cuanto representaban a la Merindad. Después ya en el siglo XVI un Gómez de Baradón casó con una María de Caso, y de este ingerto son las ramas frondosas que fructificaron en tantos varones gloriosos como tuvo la familia.

-¿Y el más ilustre?

Fr. Andrés de Caso, Prior Dominico de Trianos que transformó aquella residencia de antiguos Agustinos en una floreciente Universidad Teológica. Cuentan que cuando Felipe III vino a León, se entretuvo cazando con el Conde de Cea y el Marqués de Villamizar en los montes de Riocamba, y por la noche se hospedaba en el monasterio de Trianos. Y un día, Fr. Andrés le había preparado una velada científica, y en el salón de actos, el Rey fue invitado a que escogiera a cualquier alumno y le se señalara tema improvisado.

Escogió al azar un alumno y desertó con tanta maestría sobre un tema de Gratia que los oyentes – que sabían todos de Teología – quedaron sorprendidos.

A los pocos meses Fr. Andrés era Obispo de León, en donde dejó fundado el actual Seminario.
Continúa en página 185

La historia entre bellos paisajes

A la entrada del valle de Fonfría nos esperaban sentados, a la sombra nos esperaban sentados, a la sombra de un haya copuda el Médico y Alfonso. De las laderas venían oleadas de flor de escoba; en el fondo del valle dibujaban los segadores los contornos irregulares de los prados, sobre la cúspide de Ten flotaban unos mechones de niebla que agujereaba el sol; el valle calvo de la Fonfría estaba en plena desnudez, el tapín cuajado de flores, el arroyo saltando inquieto sobre bancos de pizarra, los hayedos retirándose esquivos en las umbrías; al norte, cerrando el valle, una mancha blanca se destacaba en el fondo verde como un brochazo de cal en un muro aviejado; nos apeamos, y Alfonso me dijo:

-entre las historias que le colocó Andrés y estos paisajes notará usted diferencia. Esto es vida y belleza y no esas antiguallas que pasaron. Mire; mire las cumbres de Monte Cotado; aquellos colores aquellos neveros, aquellos remiendos de tapin en medio del hayedo a ver si hay hermosura como esta. ¡Déjese de historias!

-También ahí – interrumpió Andrés – hay historia y vieja e interesante. Ese monte es una prolongación de Mámpodre, y Mampodre recuerda la hecatombe sangrienta de los Astures que se resistieron aquí a la invasión de los romanos, y estos, para impedir que los vencidos volvieran a tomar las armas, cortaron las manos, con inaudita crueldad a todos los cautivos. De ahí – Manus podere – manos podadas, quedó Manpodre. Aún se conserva cerca de Acebedo, alrededor de la iglesia un foso de procedencia Astur.

-¿Y los Acebedos eran de aquí?, le pregunté yo.

-Claro; últimamente tuvieron palacios en las montañas de Santander construidos por el Arzobis de Burgos don Fernando de Acebado, pero el solar antiguo estaba en este pueblo. De aquí era aquel famoso Jurisconsulto don Juan González de Acebedo, Canónigo de León, Catedrático de Salamanca, que discutió con el tozudo Antipapa Luna, y asistió con San Vicente Ferrer al compromiso de Caspe, en donde fue entregada la corona de Aragón al infante leonés don Fernando.

Cada pregunta que hacíamos a Andrés era un golpe de eslabón sobre el pedernal silíceo de su memoria, y las chispas que brotaban del choque no podían ser ni más luminosas ni más instructivas.

Otro relato del paisaje

Subíamos valle arriba, las veredas se empinan, se retuercen entre helechos y escobas; entre unos ortigales asoma el cono de un chozo; a la puerta, sentado, hace media un pastor; ladran los perros; las merinas pacen inmóviles, como piedras; relincha un caballo semental, y se alborota la yeguada, corriendo, con las crines sueltas, remirándose, desde los repechos pedregosos. Al llegar a la cumbre, nos apeamos para contemplar el paisaje. Son praderas inmensas, hayadas que parece bocas de Cráteres apagados, repliegues laberinticos forrados de tapín fresco, sobre el que hace pocos meses habría varios metros de nieve.

Y otro relato de la historia interesante

-Este fue uno de los pasos más frecuentados entre León y Asturias – decía Andrés. –

Por aquí se comunicaban los Astures de allende y de aquende. Las huestes amorfas de Pelayo, los ejércitos irregulares de los primeros Alfonsos, cuando eran infranqueables las cuencas del Nalón y del Sella. Arcenorio fue una Alberguería famosa, frecuentada por peregrinos y pasajeros.

-¡El paso obligado de sus abuelos desde Ponga a Baradón! – repuso el Médico.

Más descripción del paisaje bello, en conclusión histórica.

El sol refulgía implacable sobre pedrizas y canchales, del lado de Asturias, el horizonte era oscuro, plomizo; del lado de León estaba el cielo azul, sin una nube; se dibujaban todas las cúspides de Mampodre, el cono de Espiguete, las agujas de Yordas y de Bachende. No hacía frío ni calor, una brisa suave y perfumada, sin ruidos, sin árboles venia del Norte acariciadora y sensual; manadas de yeguas y de vacas pastaban en aquel páramo verdoso, y en los sotabancos de peña de Ten sesteaban cabras o rebecos. Andrés hacía fotografías, y yo con gemelos, no me cansaba de mirar riscos y canalizos.

Alfonso saltaba por aquellos declives como un cabrito; el caballo le seguía como un perro, y desde el hito que separa a las dos Provincias lanzó un ¡Viva León!, que contestó el hidalgo de Ponga con otro, ¡Viva Asturias! El Médico, por no ser menos gritó ¡Vivan los astures!

-Justo, dije yo – Aquí todos somos Astures aunque nos seamos asturianos.

De la sombra de un peñasco salió un mozuelo, y Andrés que le conocía, le dijo; nos vienes bien; coge los caballos y los bajas a la Ermita; allí nos esperas.
Continúa en la página 188

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Resumen de temas:

 La vida de los pastores y vaqueros en el monte… (relato chocante) en página 190 ss.

Paisajes desde Valdosín más recogido, Riosol más espléndidoPágina 194

¡ni en Suiza! Te lo asegura un turista un poco extranjerizado. La naturaleza puso aquí todos sus encantos, pero el hombre ni los conoce ni los pondera. Página 195

allí nace el Esla, el rio histórico, el rio que dio nombre a una raza de luchadores, a los Astures. … Allí nacen los dos grandes ríos de León y de Asturias. Las aguas de una fuentecilla de la cumbre ruedan, unas veces para el norte y paren al Nalón, y otras veces fluyen retozonas hacia el mediodía y dan nombre al Esla. Página 196

Los últimos días de aquel septiembre parecían de primavera… Empezaba el éxodo de los pastores trashumantes, y con este motivo estaba animada y bulliciosa la venta. Mayorales, Rabadanes, Compañeros, Sobrados y Motriles iban y venían de las majadas y de los chozos a sus casas preparando el hato y despidiéndose de sus familiares y amigos. Página 197

Potros, yeguas, albardas… Los avíos de los pastores al partir… Página 200

Todo pertenece a la Condesa de Bornos, la cabaña de 25.000 ovejas, 6.000 cabras, 2.000 yeguas, 1.500 perros, 200 pastores… Que veranean en los puertos de Riaño junto a otras cabañas. Página 201

Los Vaqueros de fermentos celtas y los Trashumantes cristianos viejos,  viven vecinos, sin parentesco ni amistad… Historia breve de la trashumancia. Página 203

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SEGUNDA PARTE. Página 201

Continúan relatos de las vicisitudes por las que pasó la zona
durante la guerra civil.

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2 pensamientos en “CUMBRE HISTÓRICA

  1. Se debe entender este relato como lo que es, una novela, porque la documentación histórica conservada, en parte disponible on line, contradice muchas de las afirmaciones que se hacen aquí.

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