Aniversario

DEDICADO A D. JUAN GUEREÑO Y FAMILIA. (El pueblo de Crémenes con cariño y oraciones)

D. José González en su ¨Libro de Crémenes¨ subtitula: RECUERDO DE LA INAUGURACIÓN DE LA NUEVA IGLESIA PARROQUIAL, León 1949.

La primera piedra de la Iglesia Parroquial fue bendecida y colocada el día 1 de agosto de 1946 y se inauguró solemnemente el día 30 de agosto de 1949.

Es, sin duda, un libro homenaje a D. Juan Guereño. Sus relatos sirven para dar una idea general de lo que ocurría por aquellos tiempos en el pueblo de Crémenes.

Se presentan a continuación algunos capítulos relacionados con la Iglesia, Parroquia de S. Pedro ad Víncula.
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San Pedro Ad Víncula

San Pedro Ad Víncula

¨El Libro de Crémenes¨ RECUERDO DE LA INAUGURACIÓN DE LA NUEVA IGLESIA PARROQUIAL

CAPITULO IV

LA IGLESIA VIEJA DE CRÉMENES

Es una de las más modestas pequeñas del país. La planta acusa un origen de Cella gentílica, estrecha, larga, sin senos laterales, sin crujías.

Espadaña del siglo XVI

Espadaña del siglo XVI

Parece uno de aquellos Fanos, de aquellos templos paganos que fueron destinados al culto pagano en tiempos de Constantino o de Teodosio. En sus muros fuertes, sin luces ni ventanas, hay empotradas lápidas romanas, con inscripciones de personajes indígenas; en el suelo, señales de sepulcros; desde el centro al presbiterio, una bóveda de medio cañón, ligeramente apuntada, nos indica que se hizo, hacia el último tercio del siglo XII, en la época de transición del románico al gótico. De esa época es una bellísima imagen de la Virgen, muy retocada en la cara, con el Niño de frente, corona mural y estofas desconchadas, pero con restos de la pintura primitiva, fresca y elegante. Es uno de esos tipos estéticos, sin grandes pliegues en las vestiduras, en actitud hierática, ostentando el título de la Divina Maternidad. Es el único monumento artístico que se conserva en la antigua iglesia parroquial de Crémenes. Un retablo barroco, muy recargado, un cordobán de frontal del altar, con pinturas chillonas. En la hornacina del centro, la imagen del patrono S. Pedro Advíncula; al lado izquierdo, un S. Miguel del siglo XV, elegante, airoso, tiene bajo sus pies al dragón. Procede, sin duda, del desaparecido pueblo de S. Miguel de las Fuentes, que debió de extinguirse, en aquella epidemia devastadora de que hablan con lágrimas las actas del archivo de la Catedral, en 1506.

En las puertas del sagrario lucen unas tablas policromadas, que parecen del taller que en la Catedral tenia Bautista Vázquez, un imaginero que trabajó en Toledo y en Sevilla y aquí, en León, hizo muchos contratos de escultura, según aparece en protocolos y encuentas de la Catedral. Para Valdeburón hizo una custodia para Casasuertes, otra para Vega Corneja y varías tallas para Boca de Huérgano.

Eso es todo lo que hay en la pobrísima iglesia parroquial de Crémenes. Pobre y pequeña como es, se bastaba para las exigencias del culto en una parroquia que no rebasaba la cifra de 25 vecinos, hace medio siglo. En ella, no se ven sepulcros con odas de versos leoninos; no hay rastros de un escudo nobiliario. En ella rezaron y se santificaron, con los medios sacramentales, unos feligreses que no conocieron los rangos sociales, que tuvieron a gala el ser todos del mismo nivel social, en esa categoría niveladora de razas y de familias.

El templo parroquial de Crémenes, tiene, en su sencillez humilde, un ambiente de recogida piedad, el perfume de un lugar de oración y de sacrificio, en donde cientos de generaciones se entregaron a las delicias litúrgicas, oyendo la palabra evangélica, rezando por los muertos, orando por las necesidades públicas y privadas, saciando sus almas con el Pan Eucarístico, y recibiendo, como un rocío celestial, las aguas del bautismo y las bendiciones del matrimonio y de la penitencia.

Por eso, porque es un templo antiquísimo, porque en sus paredes, en su suelo, en sus altares, hay algo que huele a santo, que está saturado con recuerdos tiernos, es por lo que los feligreses de Crémenes, tradicionalistas y apegados a las dulzuras del tiempo viejo, cuando se pensó en edificar un templo nuevo, más amplio, más artístico, se resistían y no acercaban a escoger entre una iglesia pequeña, en la que no cabían todos, y un templo relativamente lujoso, en el que el culto podía tener más resonancia, mayor esplendor.

Sacar a los feligreses de Crémenes del templo viejo, era como arrancarles violentamente de su hogar. !Tan encariñados suelen estar estos cristianos fervorosos con su iglesia!

CAPITULO V

DIFICULTADES PARA NUEVA IGLESIA

No solo es la población del pueblo la que ha aumentado, Son los feligreses de nueve aldeas que constituyen el municipio los que en los días festivos vienen a Crémenes a ventilar sus asuntos; son, en el verano, multitud de familias de veraneantes, que no encuentran medios de satisfacer sus deseos piadosos. La construcción de una iglesia nueva era una necesidad perentoria, desde hace varios años. Preocupados con esta idea, el que esto escribe y el párroco, D. Antonio Pajín, pensamos en emprender la obra, pero tropezábamos con la falta de sitio adecuado. Las casas del pueblo están tan apretadas, que no veíamos lugar capaz para una obra de regular capacidad. Tropezábamos con otra dificultad. Una obra moderna es costosísima y aunque el vecindario estaba dispuesto a contribuir, sus posibilidades económicas eran de escaso rendimiento. Ellos prepararían la madera, arrancarían la piedra, y ofrecieron una suscripción de varios miles de pesetas,

Pensamos en la ayuda del Estado, que es generosa como nunca; pero el Estado que viene gastando muchos millones en la construcción y reparación de templos, tiene que atender, primero, a rehacer los innumerables templos destruidos y deteriorados por los rojos, y en Crémenes, aunque la horda estuvo unos días, en julio del 36, no se preocuparon más que robar y maltratar a los pacíficos vecinos y veraneantes, y en la iglesia parroquial apenas hicieron daño.

Había que buscar otras fuentes de ingresos. Yo sabía que, en América, vivían algunos hijos del pueblo con buenas fortunas. A ellos acudimos en cartas consultarías y petitorias, y recibimos de todos alientos y promesas. Los proyectos de la nueva iglesia, con la que soñábamos, eran de gran envergadura. Un templo románico, con bóvedas y media naranja, con puertas y ventanales de arco redondo, con pilastras de piedra labrada y portada lujosa de arquería, con torre cuadrada, en la que campanas nuevas, al voltear sonoras y graves, llevaran a todo el pueblo las voces de llamada al culto cristiano. Altares, retablos, custodia, púlpito, reloj, todo, menos imágenes, necesitábamos. Hablamos con el Sr. Obispo de León, de nuestros proyectos, y el Rvdmo. Sr. Almarcha, hombre de iniciativas, de grandes vuelos, para las obras, nos animó y prometió su ayuda, ya solicitando fondos del Estado, ya con aportaciones diocesanas, a la medida de sus posibilidades.

Entonces nuestras aspiraciones eran modestas. Haríamos una obra vistosa y barata, en la Corona, lugar de gran vistosidad y en donde los terrenos no nos costarían nada. Pero el vecindario, se asustó de las dificultades para subir allí los materiales de construcción, y, además, no les agradaba la subida, por una escalinata, en días de nieve y de cellisca.

Así y todo hubiéramos andado para adelante, a no haber surgido otra idea que nos hizo desistir de este proyecto.

Habíamos escrito una carta a D. Juan Guereño Rodríguez, industrial riquísimo de Buenos Aires, hijo de Crémenes, «morido de amor por su tierrina», y Guereño nos contestó, a vuelta de correo, diciendo que él estaba dispuesto a financiar la obra de la nueva iglesia, pero que creía y deseaba que esta se hiciera, en el centro del pueblo, en un sitio cómodo y fácil para los feligreses, y añadía que los caserones que había en el ángulo de la carretera y el río de Corniero, serían sitio ideal. Como, por otra parte, el pueblo ofrecía maderas de roble, magníficas y abundantes, y teníamos una cantera de caliza marmórea, en la sierra de S. Juan, la obra puede hacerse con bastante economía.

La idea de Guereño era, sin duda, la mejor; pero aquí, lo mejor era enemigo de lo bueno. Las casas que había que expropiar eran de varios propietarios, rincones de edificios derruídos que pertenecían a vástagos de familias viejas, y no era de suponer que en todos halláramos facilidades de expropiación. En efecto; algunos nos ofrecieron toda clase de facilidades, pero no faltó algún tozudo y caprichoso, que puso empeño en entorpecer, con dilaciones y pretextos, nuestra idea. Volvimos a escribir a Guereño, diciéndole los contratiempos que teníamos y nos contestó con esta frase tajante «La iglesia hay que hacerla en este sitio, cueste lo que cueste»,

No había ya que dudar. Encargamos al arquitecto de León D. Juan Torbado el proyecto y presupuesto de la obra, a base de una iglesia de tipo románico. Creíamos nosotros que, para una iglesia rural, en la que la piedad de los fíeles debe de ser recogida y severa, no hay mejor estilo arquitectónico que este del románico español. Yo, en León, me avistaba con Torbado, y este me iba enseñando líneas, dibujos, perspectivas parciales del plano, y aunque todo me gustaba por la severidad de las líneas, por la belleza de los huecos, temía que nos resultara la ejecución superior a nuestras fuerzas. Remití una copia del proyecto al Sr. Guereño, previniéndole que era un proyecto de relativo lujo y que ahora la ejecución era carísima en jornales, La Contestación de D. Juan nos llenó de ilusiones.

«Me gusta mucho el proyecto

-nos decía-; arreglen lo del sitio, y adelante con la obra, que Dios proveerá».

¿Era que él, el acaudalado argentino de Crémenes, estaba dispuesto a financiar toda la obra? ¿Era que contaba con las aportaciones de otros paisanos que trabajaban en sus fábricas, algunos de ellos ricos, también?

CAPITULO VI

COMIENZAN LAS OBRAS DE LA IGLESIA NUEVA

Cerca de un año tardamos en adquirir los solares, que, por fin, tuvimos que pagar caros. En el verano de 1945 habíamos empezado a abrir la cantera de S. Juan, de la cual los canteros sacaron buena cantidad de bloques hermosos, que iban labrando y preparando. En el proyecto del Sr. Torbado figuraba toda la madera de castaño para puertas, ventanas, piso y cubiertas, lo que hacía subir el presupuesto a una cantidad enorme. Nosotros creíamos que sería mejor la madera de roble alvar y, aunque los montes estaban deteriorados, aún había en los de Crémenes ejemplares preciosos en las cumbres, en sitios de difícil extracción. Nada de esto arredró a los vecinos. Ojearon, escogieron y cortaron piezas hermosas, y para bajarlas hicieron prodigios de ingenio y de habilidad. Tronzaron los robles en el mismo sitio de la corta, y unos rueldos rodando, otros arrastrando, fueron puestos en los caminos vecinales. Cuando el Arquitecto vio esta madera quedó entusiasmado, no creyendo que hubiera aquí esta riqueza forestal. En el proyecto figuraba otra cantidad crecida de ladrillos para bóvedas, y como tenían que tener diversas formas y figuras, era preciso encargarles a las fábricas para que prepararan moldes de diámetro, de curvas, de ángulos en plantillas especiales, Todo ello resultaba muy caro, y, cuando le dijimos al Arquitecto que también teníamos ricas canteras de piedra toba, se convenció de que este material era preferible por todos conceptos al ladrillo. Por fin, se hicieron de ladrillo.

Nosotros queríamos hacer una portada románica de mármol, copia de la del Cristo de la victoria de León, y también contábamos con vetas marmóreas de rojo y de negro, las cuales, bien esmeriladas, podían servir y lucir en los relieves de la arcada.

Todo esto se lo decíamos a Guereño y siempre, siempre, contestaba con esta frase: !ADELANTE!

Pensábamos empezar los cimientos en marzo del 46, pero un temporal de aguas y de nieves nos retrasó mucho. Abríamos zanjas y se nos llenaban de agua, y aunque el suelo es sano y está sobre roca, no pudimos hacer nada de provecho hasta junio. Entonces se hicieron unos cimientos de gran fortaleza con planchas de cemento y morrillos, muy espesas y enlazadas, y el día del Patrono, S, Pedro Advíncula, pusimos la primera piedra bendecida por el Arcipreste de la Catedral el cual pronunció una plática alusiva a la ceremonia.

La obra, en verano, avanzó mucho, hasta el punto de que en octubre estaban hechas las paredes hasta la mitad de su altura, con el ábside y los ventanales terminados.

Los temporales de agua y de nieve se adelantaron y hubo necesidad de suspender las obras a fines de octubre; lo cual nos facilitó el que los labrantes, que andaban siempre atrasados, prepararan materiales para la próxima primavera.

Guereño me había anunciado que para Agosto estaría aquí su hijo José, en viaje de turismo por Europa, y en plan de encontrar maquinaria para sus fábricas, cada día más importantes.

  • (D. José continua relatando entre capítulo y capítulolas visitas de D. Juan Guereño y familia a Crémenes.)

CAPITULO VIII

LAS OBRAS DE LA IGLESIA

No avanzaban las obras de la Iglesia con la rapidez que todos deseábamos. Era mucha piedra labrada, muchas las líneas del proyecto, y en la montaña, desde noviembre hasta mayo, es imposible realizar algo provechoso.

En tanto, seguimos preparando materiales, y las obras muy visitadas y comentadas por los forasteros y por los feligreses. Por cierto que no faltaban murmuradores que veían, en la nueva iglesia, muchas faltas. Suponían algunos que era pequeña; que la capacidad era inadecuada a la población del pueblo; que tenía pocas luces Al hacer el proyecto habla yo dicho a Torbado que necesitaba un templo para mil personas, y a esta idea se ajustó el arquitecto. Al hacer el replanteo, notamos que la cabecera iba a resultar estrecha, porque hubo que reducir un poco las líneas a causa de la carretera y de la calle del norte, que ya dejamos con poco espacio. Por eso el ábside y las entradas a la sacristía eran de escasa capacidad. Ese es el único defecto que ha de tener el hermoso templo románico de Crémenes, Por lo demás, la iglesia tiene todas las características del estilo. El crucero amplio, la nave de bastante anchura, las bóvedas elegantes, la media naranja esbelta. En todo el edificio se va dibujando la cruz latina, de bellas, perspectivas. Temimos, en un principio, que los obreros labrantes, ajustadores, canteros, no pudieran, por falta de práctica ejecutar la obra como la había concebido el arquitecto pero, este quedó encantado al ver como unos obreros poco especializados, iban ajustando piezas, construyendo arcos, con toda perfección. En febrero hicimos unas fotos que enviamos a Guereño, y nos contestó que le gustaba cómo iba la obra, pero lamentando mucho que no pudiera ser inaugurada en el año 47, como eran sus deseos, y además porque tenía que venir a España, en esta fecha, para asuntos industriales, y ¡PARA OTRO ACONTECIMIENTO FAMILIAR, QUE ME TIENE PREOCUPADO!

Corrían rumores por el pueblo de que José había dejado el corazón prendido en los lazos de un noviazgo algo novelesco, y se decía que la novia era hija de un español de origen argentino, que vivía en Madrid.

En marzo del 47, un buen día, se presentó en Crémenes, José Guereño y al apearse del soberbio coche y saludar, delante de la iglesia, a los que había allí, les dijo: esta señorita que me acompaña es mi novia, este señor es el padre de mí novia. Venimos a ver cómo van las obras, pero quiere, y ese es el deseo de mi padre también, casarme aquí, en Crémenes, y en la iglesia nueva…

CAPITULO XI

LA OBRA EN 1948

La verdad es que hace falta atrevimiento y valentía al construir y edificar en estos días de grande escasez y de carestía de la vida. Solo los arrestos y generosidad de Juan Guereño han podido más que las circunstancias desfavorables.

Sólo a de dinero se pueden hacer obras como la Iglesia de Crémenes. Careciendo de cemento, con inviernos largos y sin obreros muy especializados, es difícil adelantar en una obra de esta envergadura.

Así y todo, en marzo de1948, pudimos empezar la torre y contratar las bóvedas y en lucido, y preparar material para el pórtico artístico de mediodía.

Como Juan Guereño piensa venir en mayo, es necesario empujar la obra para que pueda ser inaugurada pronto, con toda la solemnidad y pompa rituales.

Guereño no es largo de palabras, pero sí exacto y casi pródigo en cumplir las ofertas; lo que promete lo cumple sin tacañerías, con largueza.

A todo trance piensa en que no falte detalle, por costoso que sea, en la obra por él financiada. Ha querido que el piso sea de mármol, y esto también nos dilata la terminación, porque el precio del mármol pulimentado y esmerilado es muy crecido y las dificultades del transporte enormes. Así y todo lograremos que los deseos de Guereño sean una realidad.

De altares, retablos, imágenes, campanas, reloj y demás utensilios, nos vamos proveyendo, gracias a la generosidad de algunos hijos del pueblo generosos y entusiastas, como Luis Guereño, el hijo menor de D. Juan, Fidel Miranda, de Madrid; Isida González y su marido Antonio Camblor, y sobre todo de ese montañés ilustre, gran propulsor de todas las obras de su tierra, Excmo. Sr. D. Pedro Fernández, Valladares, Subsecretario de Gobernación, a quien nunca nos dirigimos, sin satisfacer con creces nuestras peticiones. A él debemos subvenciones, cantidades considerables, para adorno y remate de la nueva iglesia.

Que Dios nos siga asistiendo, y en pocos meses veremos colmadas nuestras aspiraciones, esperando dar a todo el país un día memorable, con la inauguración de la artística Iglesia parroquial de Crémenes.

CAPITULO XV

LA IGLESIA DE CRÉMENES EN 1948

Todos nuestros cálculos para inaugurar este hermoso templo en el verano de 1948, salieron fallidos, en parte, porque algunos obreros no rendían el trabajo a que están obligados por los crecidos jornales, y en parte, porque la terminación de una obra, como ésta, tropieza con dificultades imprevistas, Unas veces, porque carecemos de materiales, cemento, hierro, para pavimentación y pisos de la torre; otras, porque el tiempo crudo y largo de invierno no permite trabajos prácticos, todo hizo que nos retrasáramos en la fecha de la inauguración.

Además, en julio vino Guereño y al ver la esbeltez y pulcritud del edificio, la altura de las bóvedas, la elegancia de los ventanales, que sin perder la forma románica tienen toda la luz de los edificios góticos, la severa majestad de la torre, se entusiasmó con la obra hecha, y no dudó en gastar más dinero en adornos y remates artísticos.

Pensábamos pintar las pechinas con escenas de San Pedro Advíncula, Patrono de la parroquia, y habíamos encargado al genial pintor leonés Santiago Eguiagaray, un proyecto de lienzos al temple o al fresco que fueran elementos decorativos, dignos de la artística iglesia. Eguiagaray, artista de grandes recursos, de vuelos inexhaustos, enamorado de las formas armónicas del arte románico, y consumado ejecutor de las bellezas plásticas, nos hizo unos bocetos, que a todos nos parecieron que debían de ser ejecutados.

¿Y por qué-nos dijo Guereño- han de ir pintadas solo las pechinas? La media naranja, el frontal, y algo más, por lo menos, hay que pintarlos. Eguiagaray empezó su trabajo en julio, y tardó en terminarlo cerca de tres meses, con el lujo de detalles, con la inspiración cálida que este afamado pintor sabe dar a todo lo que hace. Y lo hace tan bien, lo ejecuta con tal maestría y belleza, que sus bocetos, sus lienzos, sus cuadros no desmerecen de los trabajos de los pintores consagrados por la fama. Porque Eguiagaray es un profesional del arte, trabaja, más que por la remuneración, por el amor al arte, y su generosidad corre parejas con su inspiración. Guereño, consecuente con su lema de que las cosas hay que hacerlas bien, cuesten lo que cuesten y duren lo que duren, no escatimó recursos para estas pinturas, y como el pintor le dijera que no podía conseguir unos paneles de oro, el industrial español de la Argentina tomó el coche, se fue a Madrid en busca de estos elementos pictóricos y no hallándolos en Madrid, se fué a Sevilla, y de allí trajo todo lo que necesitaba el artista.

Las pinturas se terminaron en octubre, y en esta fecha ya estaba Guereño en Buenos Aires, dispuesto a volver cuando le avisáramos que la obra estaba toda terminada. Así se fue prolongando la fecha de la inauguración hasta el verano de 1949.

En tanto, los carpinteros fueron rematando puertas, ventanas, coro y escaleras de la torre y preparando tablas para restablecer altares y retablos. El Sr. Obispo, entusiasta y generoso, nos había regalado un retablo desmontado en la parroquia de Villalbeto, y cuando lo trajimos notamos que los relieves y dorados eran hermosos, pero el armazón, de pino, estaba casi inservible.

Por estos días, y haciendo un sacrificio, empezó a trabajar en la carpintería un primo de Guereño, Antonio López, natural de Ciguera y residente en Riaño, en donde tiene un taller, del que salen muebles de lujo acabados con toda maestría.

Durante el invierno se colocaron las campanas; una de ellas, fundida en la casa de Cabrillo de Salamanca, lleva un relieve que dice: Donativo de Luis Guereño y su esposa. Se colocó el reloj en la torre, el cual fue adquirido con donativo espléndido del Exmo. Sr. D. Pedro Fernández Valladares, Subsecretario de Gobernación, y entusiasta montañés que prodiga, con mano generosa, regalos y dineros a las parroquias pobres de todo el país.

Como esta iglesia ha de perpetuar, por su hermosura, por la riqueza de materiales, por su construcción maciza y elegante, los nombres de sus inspiradores y ejecutores, hicimos labrar, en León, una artística placa de mármol orlado con motivos bizantinos, del más puro estilo, la cual colocada en el interior, sobre la puerta del norte, dice así, en letras comprimidas:

Para ornamentos interiores fuimos afortunados, recabando donativos de hijos del pueblo. Fidel Miranda, que tiene negocios en Madrid nos regaló un sagrario dorado, que es un primor. La puerta robusta, los remates de la cruz sobre el techo redondo, los detalles laterales, y los ciervos que beben en las fuentes frías, son símbolos bíblicos que invitan a los fíeles a hartarse en los manantiales abundosos y frescos de la Eucaristía. Como el canto del excelso poeta Verdaguer:

antiguamente, al Sagrario  lo llamaban Columbario  los que anidaban en Él.

Aquí, en lugar de un Columbario, los fíeles de Crémenes tendrán, como símbolo, unos ciervos que regustan las aguas de la Eucaristía que ni se agotan, ni hastían.

Otra señora joven, Isída González, natural de Crémenes, y residente en Bahia-Blanca (Argentina), heredera de las virtudes de su madre Claudia, nos hizo otro regalo que, además de ser una obra de arte exquisito, tiene el mérito de su lujo escultórico y de ser apropiado para el culto de nuestra iglesia, Es un rico Via- Crucis que ella y su generoso marido Antonio Camblor, en su viaje de turismo por España, en este año de 1948, compraron en Madrid, escogiendo uno de los más valiosos y caros. Colgando de la media naranja, una araña de vidrio con dieciséis focos, ofrecida por los vecinos de Crémenes don Francisco Valbuena y don Gregorio Fernández. Es de gran valor artístico.

Las pinturas de las bóvedas son también fuentes de afectos piadosos y están hechas con asuntos de gran propiedad litúrgica. Las de las pechinas son escenas del titular de la parroquia San Pedro Advíncula. En una se ve al santo Patrono conducido por dos guardias imperiales, entrando en la cárcel monumental de Roma atadas ambas manos a la espalda, con una cadena cuyos extremos van cogidos por los guardias. En otra está el interior de la cárcel de Jerusalén iluminada con los esplendores de un Ángel que invita a San Pedro, amarrado a los pies con fuerte cadena de hierro, a salir de la prisión; las cáligas a un lado y los guardianes asustados por el espectáculo que presencian. En otra pechina están pintadas, con gran lujo de detalles, Jesús entregando las llaves del Reino de los Cielos a San Pedro, y en la cuarta aparece la escena que culmina todo el grandioso milagro de la fiesta de Advíncula. En el centro, el Papa recibe de la Emperatriz Eudosia la cadena con que fué atado el apóstol en Jerusalén. Sobre una mesa tiene el Pontífice la otra cadena con que fué preso en Roma. Al tocarse ambas cadenas se funden en una sola, quedando patente el milagro que fué perpetuado en una fiesta litúrgica celebrada en toda la Iglesia.

Todas las escenas están ejecutadas con arte y gusto. El colorido, los dibujos, los trajes, los semblantes de las personas, todo está ejecutado conforme a los cánones del arte. Eguiagaray tuvo la genial inspiración de presentarnos, en la escena de la fusión de las cadenas, en la cara del Papa, una silueta del Arcipreste de la Catedral de León y al lado, de cuerpo entero, como oferente de todo el templo, el tipo realista, inconfundible, de Juan Guereño, con su cara mofletuda, con su cabeza grande su frente serena y sus ojos mirando, extasiado, como si por ellos quisiera salir, en rayos de sana alegría, el placer que siente su alma satisfecha de una obra que ofrece a Dios y a sus paisanos los feligreses de su pueblo de Crémenes.

En el frente, entre las dos pechinas, va pintado un lienzo de la Santísima Trinidad, con los símbolos característicos del Anciano, la Paloma y Cristo Crucificado. A los lados, la Virgen, San José, el Bautista y Angeles adorando el gran Misterio. Es un cuadro de gran fuerza estética, en el que las figuras, de un realismo sano, están hablando, con una expresión de vida vigorosa y fuerte.

La media naranja es un cielo cuajado de estrellas, en el que la pintura. Quizá, esté demasiado recargada, aunque con el tiempo irá adquiriendo la pátina propia.

Toda esta obra monumental será, en lo futuro, un recuerdo vigoroso de la generosidad y de la piedad de un español amante de su tierrina, que dejó como monumento ere perennius, un testimonio elocuente de lo que es capaz el amor, la voluntad y el entusiasmo de un hombre que cifra sus mayores placeres en hacer bien, y en proporcionar a sus paisanos, medios piadosos para saciar sus almas, con el pan de la fe y del arte.

CAPITULO XVI

HACIA LA INAUGURACIÓN

A nosotros nos parecía que las obras de la nueva iglesia parroquial de Crémenes fueron llevadas con demasiada lentitud. Pero teniendo en cuenta que solo se puede trabajar en la montaña durante seis meses y que la ejecución del proyecto es de gran envergadura, quizá no sea largo el tiempo de tres años que duraron las obras. La de Lois, que es considerada como una joya arquitectónica y que no tiene rival en los materiales, duró nueve años. Aquel y éste, son dos templos que en los siglos venideros si algún salvaje no los destruye con alguna bomba comunista- pregonarán que el arte, puesto al servicio de una idea generosa, ni decae ni se oscurece.

Allí, fué un Obispo, D. Juan Manuel Rodríguez Castañón; aquí, fué un industrial leonés en la Argentina, Juan Guereño, quienes hicieron el milagro de plasmar estas maravillas que no desmerecen de las bellas creaciones románicas y ojivales.

En el templo de Crémenes todo es armónico y unitario, dentro de los moldes del más puro arte románico. Solidez en los cimientos y muros; elegancia en las bóvedas; luz policromada en los ventanales; lujo de piedra marmórea en las cornisas y aleros; líneas severas, pero airosas en la torre; todo hace un conjunto que no tendrían inconveniente en firmar los Maestros de S. Isidoro de León, de Compostela y San Vicente de Ávila.

Y luego aquí, en Crémenes, un pórtico y una portada al mediodía que no se cansan de ponderar los que las admiran. El arco de la portada no es original: está copiado del de San Isidoro, pero el de Crémenes supera al modelo, en la riqueza de la piedra, en la finura de las aristas, en los capiteles que no tienen esos mascarones profanos que ya S. Bernardo maldecía como una profanación del arte cristiano. Todo el pórtico cerrado con verjas de hierro, las esbeltas columnas, los capiteles de los arquitos laterales, las bóvedas y pavimento se encargan de decir que también hoy, a pesar de la industrialización del arte, se saben hacer cosas bonitas.

Y lo más raro es que todo este arte exquisito es obra de obreros indígenas que no han estado en escuelas especializadas y que trabajan sin apenas haber visto modelos.

No solo es el edificio lo que encanta y enorgullece a toda la montaña leonesa; son los adornos interiores de arte menor los que completan toda esta obra magnífica. En efecto, fuimos afortunados. Unos donativos solicitados, otros espontáneos, todos los hijos de Crémenes que andan por allá rivalizaron en generosidad y entusiasmo, El Sagrario de Miranda, el Via Crucis de Isida, la Araña del matrimonio Valbuena, la campana de Luis Guereño, el reloj de Valladares, todo contribuye al ornato de una iglesia, que ya es, y será, en lo futuro, honra y prez de esta montada leonesa.

Hasta la señora de Raimundo López, con ser austríaca y Mister Price, pasaron por aquí abriendo la mano, para dejarnos pruebas de su corazón magnánimo.

Gracias a Dios todo va estando terminado para hacer la inauguración solemne el día 30 de este mes de agosto de 1949.

Nos faltaban bancos de madera, cómodos y lujosos y la Providencia nos los ha traído de una manera inesperada.

Por Méjico andan unos hermanos Isidoro y Marino Valbuena, trabajando con constancia y fortuna hace cerca de treinta años. En esta primavera llegó a Crémenes Isidoro para abrazar a su anciana madre doña Emiliana Rodríguez y a sus hermanos que en Crémenes tienen un buen surtido comercio.

Y un día se nos presentó Isidoro y nos dijo:

– Yo también quiero hacer algo en nuestra iglesia. ¿Qué regalaré?

– Ya no nos faltan más que bancos, le contestamos, pero van a ser cosa cara.

– No importa; si ustedes quieren denme el diseño y hoy mismo los encargo a un maestro de Cistierna o de León.

Y los feligreses de Crémenes tendrán, en los días fríos de invierno, sobre el pavimento de mármol, una tarima de madera, unos asientos y respaldos para poder asistir, con comodidad, a los actos litúrgicos.

¡Dios sea bendito!

Otro donativo nos llegó, a última hora, que no hemos de silenciar. Mejor dicho, dos donativos valiosos que han de enriquecer el mobiliario de la nueva iglesia, En Gijón vive un médico afamado que hizo en Crémenes sus primeros ensayos en su brillante carrera, don Manuel M. Murillo.

Estuvo aquí, el día 14 y nos dijo, admirado de la belleza del nuevo templo: YO, también quiero dejar en esta iglesia, algo que sea un recuerdo de mis mejores años pasados en esta tierra. ¿Qué quieren que compre?

– Lo que tu quieras.

– Y llevó el encargo de mandarnos algo artístico, valioso, que colocaremos muy agradecidos.

Otro veraneante que pasa aquí el verano con su familia, es aquel aguerrido oficial de la Legión, de quien tanto se ocupó la prensa de 1939, con motivo de su entrada en Barcelona, guiando una sección de carros, y llegando impertérrito hasta el Ayuntamiento barcelonés, Es Víctor Felipe Martínez, leonés de cuatro cepas, el cual desde muy niño – de pocos meses – vivió en Crémenes, hijo del entonces cabo de la Guardia Civil don Victoriano Felipe Solturas.

Víctor es, hoy, alto burócrata de una importante Sociedad Industrial de Madrid, y también nos deja el bello recuerdo de su generosidad, regalándonos un objeto de arte, que traerá en estos días de Barcelona.

LLEGADA DE JUAN GUEREÑO A CREMENES

El día 10 de este Agosto llegó en avión a Madrid, don Juan Guereño y de acuerdo con sus deseos, hemos señalado la fecha del 30 de agosto para hacer la inauguración solemne de la iglesia, Para preparar festejos que han de sumarse a los tradicionales de la fiesta del pueblo-San Juan Degollado- se nombró una comisión de jóvenes activos y dinámicos Pancho Valbuena, José Fernández, Ángel Balbuena y Manuel Morán, los cuales se multiplicaban en preparar y organizar festejos. Han abierto una suscripción que ha dado resultado espléndido. Todo promete ser un acontecimiento. Pero nos preocupan algunos problemas que no tienen fácil solución; en ese día las casas estarán llenas de convidados; las fondas rebosan de veraneantes. En la iglesia, de pie, cabe mucha gente, pero ¿en dónde alojaremos a tanto forastero? La comisión no se arredra, y una comida, aunque sea modesta, podremos preparar a nuestros invitados y visitantes. Dios proveerá.

La llegada de Guereño en la tarde del domingo, 14, fué apoteósica. Trae, de la Argentina, la imagen de la Virgen de Luján, Patrona de Buenos Aires, que regalan a la nueva iglesia sus hijos, en memoria de los que fueron sus abuelos Abel López y Luisa Diez. Tenemos preparado un altar lateral para esta lujosa y bellísima imagen, que recibiremos en procesión solemne de todo el pueblo el día 28.

Guereño se apeó de su coche a la entrada del pueblo, y acompañado de las autoridades, de todo el pueblo y de los numerosos y entusiastas veraneantes, llegó al pórtico de la iglesia, y allí, el Arcipreste de la Catedral -hijo de este pueblo- dirigió la palabra al público, y entregó al señor Guereño las llaves de la iglesia, para que abriendo y cerrando las puertas, hiciera acto Solemne de posesión; luego, con voz conmovida, y enérgica dijo al pueblo: «Mía es esta iglesia, pero yo la hice para vosotros; a vosotros la entrego, libre y espontáneamente, para que sea el templo parroquial, para siempre de mi pueblo de Crémenes». Acto seguido entregó las llaves al Párroco y al Presidente de la junta Administrativa. De todo esto se levantará un acta para que sea archivada en la parroquia y en los libros del Concejo.

Al terminar, la Comisión obsequió con un vino de honor al señor Guereño y a las autoridades.

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2 pensamientos en “Aniversario

  1. Que oportunidad para reconocer, apreciar y agradecer el trabajo tan digno, artístico y callado de tantos que, como Donnino, fueron los artífices en las obras de fábrica, en todas las fases, de la construcción de la lozana iglesia de Crémenes.

    El Sr. D. Donnino Fernández Rodriguez, D.E.P. (Hijo del bello e histórico pueblo de Villayandre)

    Donnino, gran señor y artista en la labra que pulimentó perfecciónes con estilo y calidad.

    Donnino, entre cinceles, escodas, almádenas, bujardas, picas; tallando y puliendo con punteros, gubias… la blanca caliza.
    Donnino, entre el arte y la belleza de muros y pilares, arcos, bóvedas y pavimentos… entre mampuestos, sillarejos y sillares, haciendo ´casa´ para todos.

    Donnino, inaugurando estaba la Iglesia de Crémenes que hoy apunta a una eternidad que goza de la belleza arcana (como diría el impulsor de la obra D. José el Canónigo)

    Esta belleza inmortal es la que Donnino ahora disfruta en una mansión ¨no hecha por manos humanas¨, y allí nos espera con la sonrisa y mirada comprensiva y hospitalaria con que a todos nos recibió siempre.

    Julio

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