Libro de Crémenes

Nota previa: Queriendo ilustrar al lector con la historia del pueblo de Crémenes,  D. José Gónzález Fernández, Canónigo Arcipreste de la catedral de León e hijo de esta Villa de Crémenes, nos sale al paso con su: ¨LIBRO DE CRÉMENES¨ , escrito en el  año 1949.

Este libro es un ´Recuerdo de la inaguración de la iglesia parroquial de Crémenes´ que celebró en 1999 su 50 aniversario y  a la vez es una introducción al pueblo de Crémenes y su historia pasada y un homenaje a D. Juan Guereño que financió la nueva iglesia del pueblo, San Pedro ´Ad vincula´.

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Lo que sigue es la introducción y algunos relatos de la historia de Crémenes del ¨Libro de Crémenes¨ escrito por D. José González Fernández:

D. José Gónzález Fernández

D. José Gónzález Fernández

Introducción

No son, sólo, las ciudades, las que, en la vida moderna, disfrutan de emociones fuertes, en fiestas, en reuniones, en desfiles de paseos, sino, también, las aldeas pequeñas y apartadas tienen días de jolgorio, y de reuniones alegres. Las fiestas tradicionales, con sus bailes, con sus aluches, con sus misas solemnes, con su aglomeración de forasteros, dan colorido y animación a estas aldeas, y a “echar la casa por la ventana” los aldeanos gozan de los placeres de la hospitalidad, y se entusiasman recordando fechas, nombres y personas que fueron o son, prez y honra de la tierrina.

No son, solo, las fiestas tradicionales las que conmueven alegremente a estas aldeas. Una misa nueva, una boda, la inauguración de una Iglesia, de una escuela, de una carretera, de un puente, son motivo de intensos goces, ocasión de espléndidas manifestaciones, causa de lucir, cada uno, todo lo que con cuidado guarda en las viejas arconas de roble; ropas, avalorios, trajes.

A Crémenes le ha tocado vivir, en los veranos de 1947-48-49 días de alegría contagiosa, momentos de expansión colectiva, tan sonadas, tan inolvidables que, de ellas, no podrá decir el poeta latino que el tiempo ingrato ha de borrar el recuerdo.

No; los acontecimientos ocurridos en Crémenes, no se podrán olvidar. Serán perpetuados en los muros pétreos de la nueva iglesia; serán trasmitidos, como un hecho memorable, a través de generaciones nuevas, para que, en el tiempo venidero, los feligreses de Crémenes puedan recrearse con la memoria de estos, días felices.

Y para que el recuerdo sea más perenne, nos ha parecido que será de gran estímulo, el publicar un libro en el que sean recogidas las noticias, las fiestas, los acontecimientos. Porque fueron éstos de tal relieve; se incrustaron tan hondos en el alma de los habitantes de este pueblo, que bien merecen ser sino esculpidos en mármol o en bronce como quería el patriarca Job, por lo menos consignados en un libro, que ha de ser en todos los hogares, el recuerdo, el testimonio y la lectura acariciada de los que nos han de suceder.

¿Pero Crémenes dará materia para un libro? Vamos a verlo.

Un pueblo que tiene historia; que luce las galas de un paisaje bellísimo; que inaugura una iglesia románica, lujosa y artística y que vió llegar a su caserío, remozado, y limpio, un indiano opulento y generoso que salió de la aldea paterna, pobre, sin influencia, sin más alientos que una voluntad fuerte de triunfar, una salud envidiable y unas ideas de grandeza, incrustadas en su alma juvenil, ya tiene títulos para que las letras de imprenta se ocupen de sus cosas. ¿No te parece, lector amado, que todo esto merece ser recogido en un libro, aunque el libro esté hecho por una pluma torpe y gastada como la mía?

Haremos, por lo tanto, que por este libro desfile la historia de Crémenes, la vida del gran industrial Guereño, que, en Buenos Aires, ha sabido dar nombre y lustre a una industria floreciente; la boda de su hijo José, la entrada triunfal, en el pueblo, de este gran patricio, la construcción de la iglesia nueva, la inauguración de este monumento, y una breve y compendiosa relación de las industrias que Guereño tiene establecidas en la capital Argentina.

Será este un libro que no interese a los forasteros, pero será alimento espiritual para los hijos de Crémenes, un recordatorio sentido de sucesos que no deben de ser silenciados.

El autor que también es hijo de Crémenes se contenta con que este libro sea leído con emoción, por los que nacieron y viven en la hermosa villa que se espeja en las aguas del caudaloso Esla.

Será un libro sin pretensiones literarias, que recoja el sentir y el pensar de un pueblo sencillo en costumbres, que se remoza y crece y se acicala en el caserío modernizado. Unas fotos realzarán las bellezas del paisaje, la típica manifestación de las escenas, la alegre expansión del vecindario, en días de profundas y gratas emociones.

Eso pretende ser el libro de Crémenes.

El autor quedará, bien pagado con la gratitud de sus paisanos, con la satisfacción de haber sido el impulsor de la nueva iglesia, en la que, estamos seguros, los feligreses, al entrar en ella, rogarán a Dios por su alma.

Crémenes, 30 de agosto de 1948.

J.G. (Don José González Fernández)

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EL LIBRO DE CRÉMENES

CAPITULO I

ORIGEN Y NOMBRE DE MUCHAS ALDEAS DE LA MONTAÑA LEONESA

La mayor parte de los pueblos de la montaña leonesa llevan un nombre de procedencia prehistórica.

Cuando las primeras inmigraciones empezaron a llegar aquí, en plan de cazadores y de pastores, y las familias crecían y se iban disgregando, era el jefe de un Clan el que se situaba en un valle escondido, y sin perder el contacto y las relaciones con el tronco de donde procedía, constituía una familia, de hijos y de colaterales, haciendo vida social, autónoma. El jefe solía dar nombre al Clan y al lugar en donde se asentaba el Clan, y de ahí el nombre de muchas aldeas, que llevan un nombre propio de persona, de una persona que se habla distinguido por sus dotes de mando, por sus hazañas cazadoras, por su valentía en defender el hogar y la familia. El sitio del Clan fue un cerro, un altozano, un rincón ameno, y allí, en grutas, primero, y en Castros, después, fueron consolidándose, de un modo definitivo, las familias de colaterales y de adventicios.

Crémenes fue uno de estos sitios en donde hubo, desde la época neolítica, población y vida social, de familias primitivas.

Abundan los restos de esta vida, hachas de sílice, astas de ciervo afiladas, punzones, piedras molederas, vestidos de trabajos mineros de cobre y de hierro. Una prueba de esta vida la tenemos en esa piedra arenisca hallada en una valleja estripada de mineral, cerca de la ermita de San Juan. La han estudiado arqueólogos, como Gomaz Moreno – Víd. Cat. De León, to. 1º- y Uria, y aunque no saben darla una sígnificación concreta, opinan que pudo ser un ídolo ibero, una ara de altar, pero de seguro que es un monumento de los más interesantes que se han descubierto, en España, de la época neolítica.

Piedra arenisca. Pilar Ibañez, Miss León 2004
Piedra arenisca. Pilar Ibañez, Miss León 2004

(Esta piedra está ahora en el Hostal de San Marcos. León)

Nosotros la hemos examinado detenidamente. No tiene señales de figuras humanas; es un monolito enorme, con una argolla en la parte superior, taladrada, en su centro, que pudo servir para dar salida a los sacrificios cruentos. Todo el borde de la losa está labrado y esmerilado, con algunas escotaduras que pueden ser hechas en época posterior. Pero conserva unas líneas, de forma irregular cavadas en la piedra, que bien estudiadas y comparadas con otras similares, como la de Peña de Tu, pudieran ser signos alfabéticos íberos. Desde luego que esta piedra es de un gran valor arqueológico, y merece ser llevada al Museo Provincial o colocada en el pórtico de la nueva iglesia, en donde, Dios mediante, hemos de colocar unas cuantas losas sepulcrales romano-célticas, todas vadinienses

CAPITULO II

EL SITIO DE CRÉMENES

El sitio en donde se asentó, con su familia, un jefe que se llamaría Crémenes, no podía ser más ameno y estratégico. A orillas de un gran río, el Esla, a los lados de otro riachuelo que baja espumoso y reñidor de las cumbres de Pardomino; una vega fértil y frondosa, al socaire de un cerro que todavía lleva el nombre céltico de Corona, con laderas vestidas de robles y de enebros, a la espalda; y de frente, detrás de colinas cubiertas de una vegetación exuberante, entre la que se descubren vetas ferruginosas, raigones silíceos, se abre una concha de caliza, soberbia, rica en colores, como un tapiz flamenco, en cuyo centro crece lozano y elegante un hayedo secular, subiendo y encaramándose las hayas hasta escalar la cima del pico de AGUASALIO, que también es un nombre de rancia estirpe ibera como el territorio próximo de Alione, que, en la Edad Media, fué un Concejo, agregado a la Merindad de Valdeburón, y que en la época romana había sido una Conventus Vicinorum, de Vícos y de Pagos.

EL CASERIO DE CRÉMENES CRECIÓ EN LOS ÚLTIMOS AÑOS

Se estira a lo largo de la carretera; se encarama sobre la sierra de arenísca, y lo que era hace medio siglo una villa de 25 vecinos, ha llegado a tener cerca del centenar. Como capital del Ayuntamiento, a Crémenes acuden todos los pueblos del municipio nueve aldeas, a ventilar asuntos judiciales y administrativos, a realizar compras en los comercios, a proveerse de todos los géneros de consumo y vestido, La mina de carbón de Argovejo, con sus cien obreros y empleados, en Crémenes se surten de todos los elementos de vida, lo que hace que muchas familias que no son ni labradores ni ganaderos se estén hacinando en el pequeño poblado de Crémenes.

Este pueblo tiene, además, una situación barométríca envidiable. A los 990 metros sobre el nivel del mar, bañado todo el día por el sol. y a pesar de tener gran abundancia de agua, su clima es seco. Las perspectivas de su campo son espléndidas; los paisajes de una belleza fascinadora.

Por eso, hace años, que es un lugar de veraneo muy frecuentado por huéspedes de Asturias y de León. La carretera, por la que se comunica León con Asturias y con Santander, por la que circulan multitud de coches que pasan a ver esas maravillas que se llaman Pontón y los Beyos, es un camino muy concurrido en verano. Y como aquí hay fondas y lugares de descanso, Crémenes es uno de esos pueblines que atraen y encantan a los viajeros. Dos coches de línea, diarios, circulan hasta la capital. Y si estos coches tuvieran mejor confort, y mayores comodidades y atenciones para los viajeros, éstos se multiplicarían.

Crémenes, además, es un pueblo de HISTORIA. Una historia vieja, que no se interrumpe, a través de los siglos. Una historia, en la que se citan nombres, fechas, contratos: en la que, cuando la historia enmudece, se encarga la arqueología de suministrarnos datos curiosos de su vida vieja, de sus industrias mineras, de aquella vida tranquila y serena que quedó grabada en piedras, y en lápidas con inscripciones lítícas, para perpetua memoria.

De la época ibera quedan esos escoriales enormes, esas bolsas de cobre estripadas, esas erosiones artificiales, esas bocaminas tapiadas, que pregonan la importancia que tuvo aquí la explotación minera, antes de que las tropas de Carisio y de Agripa sometieran a toda la región de los astures.

Del tiempo de Augusto quedan, en Crémenes, muchos testimonios de personas indígenas, que, en caracteres latinos, nos dicen su importancia, la colectividad a que estaban adscritos, la procedencia y origen de sus habitantes, Más de treinta lápidas, unas catalogadas en el Museo de León, otras muchas esparcidas y empotradas en edificios, nos hablan de aquella ciudad de VADINIA, centro astur, que si se rindió a las tropas romanas, supo conservar, después, su nombre, su importancia. Como ejemplo ahí van dos lápidas procedentes de Crémenes.

1ª. DM.  TURENNO BODEGUM BODDI, F. VAD, XXX ANNORUM POSSIT DOIDERUS PATRI SUO PIENTISSIMO.  S. H – S. A los dioses Manes. Tureno Boddege hijo de Bodo Vadinien- se de XXX años de edad a su padre piadosisimo puso  este monumento Doídero  Está en este sepulcro.

2ª. LUS. DOIDERUS, F. CANIVES, F. CALDECUS, F. ANNA, MADUCENA,  F. F. C. Vísalo Doidero, Canus, Caldecus, y Anna Maducen  hacen este monumento,

Como éstas pudiéramos publicar unas docenas más, para que se vea que estos hombres que merecieron a la posteridad una memoria piadosa, eran personas de relieve, todos indígenas, que serían, o mineros destacados, o soldados distinguidos. Todos nos dicen que eran naturales de la ciudad de Vadinia.

¿En dónde estaba esta ciudad? Hasta ahora no ha sido posible localizarla; Schulten y Albornoz, Cántabros y Astures y «Divisiones Trivales», la sitúan equivocadamente en Cora, o cerca de Cangas de Onís, sin más razones que el haber aparecído allí varias lápidas vadinienses. En cambio, en la cuenca del alto Esla, son muchas las lápidas que dicen ser de Vadínia, y por este procedimiento podíamos asegurar que estaba aquí esta memorable ciudad. Que era una ciudad astur, y astur lanciense, no se puede dudar, y, por lo tanto, tenía que estar situada en los astures augustanos, en los astures del lado de acá del puerto. ¿Estaría en Crémenes? ¿Estaría en Baradón. -Burón -? Es lo más probable, porque las radicales de Baradón y las de Vadinia, no son irreconciliables. Se da, además, el contraste de que todos estos personajes vadinienses son nombres indígenas, como Doidero, Canives, Caldeco, Maduceda, Vodego, Anbato, Andoto, y otros muchos más que pudiéramos citar.

CESE DE LAS EXPLOTACIONES MINERAS DE CRÉMENES

Las explotaciones mineras de esta montaña, como todas las de la provincia, se extinguieron, y apagaron en la invasión goda del siglo V, y aunque en nuestro país no hay señales de invasión goda, como los grandes propietarios de minas vivían cómodamente en palacios y villas de Legio, Lancia y Astúrica, al llegar los bárbaros, o perecieron, según atestigua Idacio, o huyeron. Todo el país no invadido siguió viviendo su vida antigua, autónoma, con sus Vicos y Pagos rústicos, con sus leyes consuetudinarias, de tipo, ibero, y cuando, en los comienzos de la reconquista los reyes asturianos como Alfonso I hicieron aquellas correrías por la meseta de los Campos Góticos, al volver a Asturias y poblar de nuevo con gentes traídas de las tierras llanas, los fueron asentando en lugares despoblados, pero los territorios de Primalias-lo dice El Salmaticense- y Liébana, vivían sus habitantes en posesión de sus prados y de sus pastos. De estos territorios montañeses saldrían muchos soldados alistados en las huestes de Pelayo En el siglo IX, y sobre todo en el X, vuelven a sonar estos territorios en los Cartularios y Tumbos. Por lo que hace a Crémenes, fue un lugar muchas veces citado. En el año 874 Alfonso III dona a Sisnando II Obispo de Compostela unas posesiones que los padres de este prelado habían poblado en Alexe y Viridiago. Le concede, además, el monasterio de S. Cristóbal de Crémenes y S Martín de Alión-Las Salas.- En 984 se vende una tierra Cart. de Sahagún-en Corniero, «por un modío de cebada y una baca cum suo filio». En 991 una tal Jimana vende a Sahagún «la villa de Crémenes con todas sus pertenencias». En el año de 1000 Froilán Il dona a Sahagún el «monasterio de Crémenes de S. Pedro»,. En 1002 se vende en Crémenes un prado «ín illos pontones». Aun se conserva el nombre del titular de la parroquia con el nombre de San Pedro, y los Pontones son una praderia cerca del pueblo. En un libro de presentaciones del siglo XII, de la Catedral, figura S. Miguel de las Fuentes como de Patronato de. Sahagún, lo mismo que S. Pedro de Crémenes y S. Juan de Corniero.

Era, por tanto, Crémenes un lugar de abadengo, y como tal suena hasta el siglo XV, en que Sahagún cedió estas posesiones a Benevivere, y en el Tumbo de este monasterio que hemos donado al Centro de Estudios de S. Isidoro de León y en los legajos que hay en el archivo Histórico Nacional, hay muchos documentos de carácter administrativo pertenecientes a la ermita de Pereda, al monasterio extinguido de Matahaces, fundado por el conde Flagíno en el año 1020.

Como se ve, fueron estos lugares, sitios amenos codiciados por los grandes cenobios medioevales. Todavía figura Sahagún, con jurisdicción eclesiástica, nombrando Curas para las parroquias, hasta las leyes desamortizadoras de 1835.

CAPITULO III

LA MONTAÑA DEL ESLA EN LA ÉPOCA DE LA RECONQUISTA

Desde los primeros tiempos de la reconquista, fueron todas las aldeas montañesas centros de población numerosa, lugares en cuales se reconcentraba una población abigarrada de pobladores antiguos; de masas huidizas de los campos llanos, de núcleos arabizados que se colocaban al amparo de los castillos y de los monasterios, en donde los Condes y los monjes, los militares y los ascetas ejercían un dominio pleno de montes y ganados. Por eso vemos en todos los rincones de los valles, en todos los recodos de los caminos, nombres de ermitas que fueron parroquias. A medida que avanzaba por el mediodía la restauración, disminuye, en la montaña la población. Los Condes se retiran a las grandes urbes; los monjes fundan en terrenos más fértiles, de mejor clima, y las aldeas montañesas, medio despobladas, no son más que cabañas de pastores y pueblos de vida estrecha y pobre. Los sitios productivos, los valles frondosos, las vegas de regadío siguen en poder de los monjes, o de absentistas que para nada se cuidaban de fomentar una riqueza que había sido el hórreo de los primeros pobladores. Y eso que en la montaña hay pocos vestigios de aquel régimen semifeudal que imperó en otras regiones, y aquí es un régimen democrático el que vemos practicado en los Concejos y Merindades, con su gran propiedad colectiva de pastos y de montes, con sus leyes consuetudinarias, heredadas desde tiempo casi prehistórico.

En el rehueco de Crémenes, partido por el Esla, quedan los señoríos de Sahagún, pero no suena nunca la presencia de aquella nobleza avasalladora que era dueña de vidas y de haciendas. Solo en Valdoré aparece la casa linajuda de Toral, el marquesado de los Guzmanes como herederos de los poderosos Flaginez, muy influyentes en la corte de León, en los siglos X y XI. Esta familia, procedente de Liébana anda, en todas las intrigas palatinas, en todas las empresas guerreras al lado de los reyes de León. Tenía un castillo infranqueable, en el arroyo que baja de Ocejo, era Santaolaja, que todavía conserva el nombre de Castillón. Hay Fléginez -nombre ibero según Urbel –Hist. Del Cond. De Cast. T.º 1º página 160- en documentos del alto Ebro, que debieron de ser parientes de estos Flagínez. En 949 ya les vemos firmando documentos leoneses de Ordoño II -Arch. Epis.-

Que procedían de Liébana se ve por el Cartulario de San Toribio, desde los años 790. Antes de ser Conde de este valle Diego Muñoz, fueron los Flagínez los dueños de Liébana. Pero, luego fueron corriéndose por las márgenes del Bieron y del Esla. Desde mediados del siglo X, les vemos en casi todos los documentos reales de León, de Sahagún, de Eslonza. Fernando Flagínez se hizo famoso en una campaña contra los moros, por tierras de Zamora en 975. Se enrríscaba en su castillo de Aquilare al que no se podía entrar más que por Scopulos, escobios de Jaharíz. Reclutando soldados en su montaña, le vemos al lado de Vermudo II y de Alonso V. Pronto le vemos como Conde y Gobernador de León, y en este cargo estaba cuando ocurrió la muerte trágica del infante de Castilla Dn. García. Era, como toda la familia, un anticastellanísta decidido, y nada tendría de extraño que se encogiera de hombros ante el asesinato, fraguado por los Velas, por Gonzalo Muñoz y por Fernan Gutiérrez, Condes de Saldaña y de Monzón.

Fernando Fláginez sigue en León, al lado de Vermudo III y cuando la derrota leonesa de Tamaron puso la corona del reino en la cabeza de Fernando I, hijo del rey de Navarra, Flagínez, sintiéndolo mucho, abrió las puertas de León al nuevo monarca, porque era el marido de Dña. Sancha, la hija de Alonso V. Flagínez, en 1020, sigue como personaje visible e influyente en el Cartulario de Benevivere, y en Febrero de este año funda y construye, en territorio de Crémenes, un monasterio «in Pereta, juxta Estulam» . Lo dota espléndidamente, con ricas vegas, con montes y con pastos, y lo entrega a Sahagún. Su hijo Flaino Fernández se enfrentó con el Rey Fernando I, quien lo desterró a vivir en su castillo de Aquilare, pero pronto le volvemos a ver congraciado con el Monarca. No así un nieto suyo, Fernan Flaginez, a quien Alonso VI confisca sus bienes y le destierra, según nos cuenta una escritura de Eslonza.

Los Fláginez fundaron y dotaron otro monasterio en los Oredes, que eran dos parroquias, como ahora, S. Pedro de Ored, y Sta. María de Ored-Valdoré. En este lugar, una familia de Behetria-Arch, Epís León-Cidi, Sabeto, Matrebona y sus hijos, que disfrutaban de la protección de Pedro Fláginez, en Orede, se habían comprometido a no salir de allí, y para eludir este compromiso entregan a Flagínez toda su heredad «in Orede, et Villare, kasas duas, et orreo uno, terras, pratos, pomíferos».

Todavía en el año 1000-Escrit. de Escalona, 71-, Froilán II dona a Sahagún «arcisterio quod vocitant S. Petri, juxta flumen estule, loco Cremanes, casas ortales, linares, prados, pastos, montes, fuentes, molinos». Fírman esta escritura, además del Obispo, Bermudo 11, un abad de Pardomino, y el Conde de Aquilare y de Orede Fernan FIagínez.

Fueron estos Flagínez los únicos Condes que suenan en estos rincones del alto Esla. La vida rural, aquí, era ya pobre, de pastoreo trashumante, pero gozaba de cierta independencia política y administrativa que les permitía vivir de lo suyo y gobernarse con sus leyes.

En el siglo XVI ya van apareciendo nombres de familias ilustres, apellidos pomposos que dejaron en las portadas de sus casas solariegas soberbios escudos que pregonan títulos linajudos, cuyo origen se pierde en las neblinas oscuras del tiempo. Ya suenan en Villayandre -Villa andre- los Villarroeles, quienes, al desparramarse por toda la península, conservan en este pueblo, el solar viejo del que salieron soldados, aventureros en América, canónigos, personajes vistosos e influyentes. Pero, aquí, en el solar del viejo tronco no tuvieron influencia social. Eran ricos; tenían muchos colonos, pero nada más. Tenían sepultura en la iglesia parroquial, y solían ser Alcaldes, jueces, pero en la vecindad concejil no pasaron nunca de unos más.

En Lois vemos los apellidos de los Acebedos, Reyeros y Castañón, oríundos de estos pueblos que se asentaron en el rico rincón (del Concejo de Alíón, y allí construyeron soberbios palacios, cerrando praderas ubérrimas; se enlazan con vástagos de las familias de rancio linaje, los Ordás, los Villafañe, los Quiñones, los Guzmanes, y estos apellidos, enlazados, orlan escudos y emblemas, en ciudades y en conventos lujosos.

Pero aquí, en la montaña, sobre todo, en los pueblines vecinos de Crémenes, no hay más señoríos que los de Sahagún, ni más privilegios que los que ostentaban, después del siglo XVI, los Mayorales de las cabañas trashumantes, los únicos que dejaron, en sus casonas, los recuerdos de su vida próspera y acomodada .

Hasta el siglo XVIII las vías de comunicación en todo el país, eran los caminos transversales, de ribera a ribera, porque la salida, por las hoces del Esla, con sus escobios, con sus gargantas estrechas, no podían ser practicados. En tiempos de Carlos III se dió en España un impulso grande a las obras públicas de carreteras, y por la ribera se trazó un camino, muy costoso, y bastante difícil. Se abrió el peñasco ingente del Pajar del Diablo, y por espacio. de más de un siglo, este camino fue el torrente de carreteros que iban a tierras de Campos a vender maderas, y a traer cereales y vino. A fines del siglo pasado, se hizo la carretera de Sahagún a Arriondas, por las gargantas del Esla, y esta carretera fue y sigue siendo el hilo de comunicaciones, el camino del turismo, la gran vía por la que se enlazan las provincias de León con Asturias y con Santander.

Crémenes es uno de los pueblos que más deben a esta carretera. Creció el vecindario; se desarrolló el comercio; pasó a ser capital del Municipio y es un lugar de veraneo, con dos fondas, bares, comercios, Guardia civil, carnecerías y todo género de comodidades.

4 pensamientos en “Libro de Crémenes

    • Hola Julio, yo guardo muchas vivencias de los pueblos y sus gentes,y me alegra mucho los elogios y alabanzas que haces de mi padre, te lo agradezco con toda mi alma, mi padre era muy buena persona Donnino Fernandez Rodriguez, gracias Julio de nuevo seguiremos hablando un saludo

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      • Que oportunidad para reconocer, apreciar y agradecer el trabajo tan digno, artístico y callado de tantos que, como tu padre Donnino, fueron los artífices en las obras de fábrica, en todas las fases, de la construcción de la lozana iglesia de Crémenes.

        El Sr. D. Donnino Fernández Rodriguez (Hijo del bello e histórico pueblo de Villayandre) D.E.P.

        Donnino, gran señor y artista en la labra que pulimentó perfecciónes con estilo y calidad.
        Donnino, entre cinceles, escodas, almádenas, bujardas, picas; tallando y puliendo con punteros, gubias… la blanca caliza.
        Donnino, entre el arte y la belleza de muros y pilares, arcos, bóvedas y pavimentos… entre mampuestos, sillarejos y sillares, haciendo ´casa´ para todos.

        Donnino, inaugurando estaba la Iglesia de Crémenes que hoy apunta a una eternidad que goza de la belleza arcana.
        Esta belleza inmortal es la que Donnino ahora disfruta en una mansión ¨no hecha por manos humanas¨, y allí nos espera con la sonrisa y mirada comprensiva y hospitalaria con que a todos nos recibió siempre.

        Julio

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  1. La iglesia de Crémenes, que fue donada por el industrial Guereño, me recuerda a la iglesia mas convento que fue donada en Leon por el fundador de la Fabrica de Jabon La corona, que hoy tiene ademas de la fabrica de jabon, 50 bodegas en todo Mexico y aun exporta a USA y centroamerica, curioso estos dos industriales jaboneros comenzaron en la misma epoca.

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